Nuevo León.- El gobernador de Nuevo León respondió a la denuncia que Morena presentó este lunes ante la Fiscalía Anticorrupción con una frase de campaña: “Yo me río de Morena” y “van tan mal en las encuestas que andan desesperados”. Lo que no es chiste es el expediente. El partido acusa una presunta triangulación de recursos públicos —más de mil 400 millones de pesos, según los denunciantes— que habrían salido de pagos a proveedores del gobierno estatal y terminado, en parte, en un despacho jurídico-fiscal ligado a su padre, su medio hermano y su círculo cercano, incluyendo a Mariana Rodríguez. No es una ocurrencia de última hora: el caso arrastra meses de juicio político en el Congreso local, denuncias previas ante la FGR y el argumento, ya documentado, de que el dinero “deja de ser público” apenas se paga a un particular.
Reírse de la acusación no la desactiva. En julio, una encuesta de El Financiero le daba 58% de desaprobación en su propio estado; otras mediciones locales muestran que una parte relevante de quienes conocen el juicio político lo considera culpable. Presentarse como víctima de un Morena “desesperado” mientras MC fragmenta el voto opositor —y con ello ha favorecido, una y otra vez, al oficialismo federal— es un cálculo viejo, no una defensa. Nuevo León no necesita un gobernador que convierta una investigación por peculado y enriquecimiento ilícito en show de redes. Necesita que alguien, de una vez, siga el rastro del dinero.
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