Tijuana.- María del Carmen “Meli” Espinoza, exsíndica de Tijuana y ahora aspirante a coordinar los Comités de Defensa de la 4T en la ciudad rumbo a 2027, decidió ilustrar el “arduo trabajo” de la transformación con un video casero: sentada con el chaleco guinda puesto, sonriente, mientras su “amiga Yara” le daba un masaje en el brazo después de haber compartido un “delicioso pollito” con gente de la colonia 3 de Octubre. El clip, que ella misma subió, no tardó en circular como prueba de que la austeridad republicana es un eslogan que se queda en la puerta de la oficina.
La escena es casi perfecta en su cinismo: mientras el discurso oficial insiste en que ya no hay privilegios, una figura que busca encabezar la 4T local se graba relajándose en horario que ella misma describe como laboral, con el uniforme del partido y frente a adultos mayores. No es un caso aislado; días antes, la delegada del Bienestar en Puebla, Natalia Suárez del Real, protagonizó un video casi calcado (misma narrativa de “día arduo”, “amiga Yara” y pollito) y ya había tenido que admitir que su fiesta de cumpleaños al estilo Gran Gatsby no era “congruente” con la austeridad. A eso se suma el ministro presidente de la SCJN, Hugo Aguilar, al que le limpiaron los zapatos en público, o las camionetas de lujo que el tribunal compró y luego devolvió por el escándalo.
La 4T no acabó con los lujos: simplemente cambió de dueño. Lo que antes se criticaba como “fifí” ahora se exhibe con chaleco guinda y cara de “me lo merezco después de tanto trabajo por el pueblo”. Cuando la política se hace a ras de suelo, como dice Espinoza en sus mensajes, no se graba el masaje; se hace el trabajo. El video no es un error de comunicación: es la radiografía de una clase política que aprendió el discurso de la austeridad de memoria, pero no la práctica.
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