EU.- El comisionado de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP), Rodney Scott, firmó este 25 de agosto una orden que duplica de 12 a 24 millas náuticas la zona donde sus agentes pueden detener, registrar y decomisar embarcaciones sospechosas. La medida aplica en cuatro áreas de alto riesgo: el sur de Florida, el sur de California, Puerto Rico y la costa del Golfo de Texas. “El océano no es un refugio seguro para los cárteles y los contrabandistas”, declaró Scott. “Si usted está traficando drogas, contrabando o personas hacia nuestras costas, tenga por seguro que lo encontraremos”.
La decisión responde a una táctica consolidada: las organizaciones criminales posicionan naves justo más allá del límite tradicional de las 12 millas, transbordan carga ilícita en alta mar y luego envían lanchas rápidas a costas remotas. Al alinear la jurisdicción con la zona contigua de 24 millas, CBP busca actuar antes de que el cargamento toque tierra. Operará de la mano de la Guardia Costera y otros socios federales.
Es un movimiento contundente, pero también una confesión: el mar se volvió autopista de los cárteles porque en tierra y en origen el control sigue siendo insuficiente. Mientras Washington amplía su alcance para interceptar lo que ya salió, el problema de fondo —las redes que arman, cargan y despachan esas embarcaciones desde puertos y playas mexicanas— sigue operando con una impunidad que ninguna milla extra del lado estadounidense va a resolver por sí sola.
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