CDMX.- El senador por Sinaloa Enrique Inzunza Cázarez anunció este miércoles su separación del grupo parlamentario de Morena. Seguirá en el Senado como independiente hasta 2030, con fuero intacto. No pidió licencia, a pesar de la presión de sus propios compañeros y de la dirigencia.
La decisión llega meses después de que el Departamento de Justicia de Estados Unidos lo señalara, junto con el gobernador con licencia Rubén Rocha Moya y otros funcionarios sinaloenses, por presuntos vínculos con la facción de Los Chapitos del Cártel de Sinaloa. Hay solicitud de detención provisional con fines de extradición y fichas rojas de Interpol. Inzunza lo niega todo: habla de “feroz campaña de calumnias”, “lawfare” y una “embestida” similar a la que, según él, enfrentó Andy López Beltrán.
Ariadna Montiel, presidenta nacional de Morena, fue clara: no les avisó. Preferían que pidiera licencia para sujetarse a las investigaciones. Ahora, dijo, “sus opiniones y sus acciones serán exclusivamente bajo su actividad personal” y “nadie está por encima del movimiento”. La Comisión de Honestidad y Justicia revisará si le retiran los derechos partidistas, igual que a Rocha Moya. Ignacio Mier, coordinador en el Senado, también le había pedido la licencia. Inzunza eligió otra ruta.
Imelda Castro, su antigua compañera de fórmula y recién nombrada coordinadora de la Defensa de la Transformación en Sinaloa —perfil fuerte para la gubernatura 2027—, fue más directa: debió haber pedido licencia desde el 29 de abril. “¿Por qué aferrarse al fuero?”. Ella se presenta con trayectoria “limpia” y se desmarca.
El patrón es conocido. Rocha Moya ha jugado con licencias y regresos. Inzunza se apega al escaño y a la inmunidad mientras el partido, que lo respaldó mientras pudo, ahora se deslinda con discursos de pureza. Conserva el cargo, pierde la presidencia de la Comisión de Estudios Legislativos y el apoyo formal de la bancada. Morena suma votos justo por encima de la mayoría calificada; un suplente aspirante a la gubernatura complica más el escenario.
La separación no resuelve las acusaciones ni las investigaciones en México y Estados Unidos. Solo confirma lo que ya se veía venir: cuando el costo político sube, el partido se aparta y el legislador se aferra a lo único que le queda. En Sinaloa, la sombra de los señalamientos sigue intacta.





