Balancán, Tabasco.— Tierra 100% morenista, los campesinos ya no aplauden, reclaman. Y Javier May, el gobernador de la 4T, les respondió como responde el poder cuando se le acaba el discurso, gritando: ¡no tengo varita mágica!
El encanto se rompió en Mactún.
Los campesinos del poblado de Mactún, municipio de Balancán, Tabasco, encararon este miércoles al gobernador Javier May Rodríguez. No eran opositores, no eran fifís, no eran de la mafia del poder. Eran su base. Su gente. Los que lo llevaron al poder con la promesa de que ahora sí, con Morena, todo iba a ser diferente.
El reclamo es tan básico que da vergüenza tener que explicarlo: quieren carretera. Una carretera decente. Llevan 30 años - treinta - transitando entre baches, lodo y promesas. Se lo dijeron a May en campaña. Él dijo que sí. Que ahora sí.
Hoy, ya como gobernador, ya con el chaleco del poder bien puesto, la respuesta fue otra.
“Es que no tengo dinero para hacerlo. Aunque yo quiera”, soltó.
Y como si el problema fuera menor, minimizó: “sólo de un tramo”.
Los campesinos insistieron. Le recordaron los 30 años de abandono. Le recordaron su propia voz en campaña.
Entonces vino el momento estelar, el que ya se hizo viral gracias al periodista Audelino Macario. El gobernador de Tabasco, el bastión moral de la Cuarta Transformación, perdió la compostura:
“Y yo llevo dos años en el gobierno, cabrón”. “Pero no tengo la varita mágica, mi hermano”.
“¿Y yo tengo una varita mágica?”
Esa es la frase. Esa es la doctrina.
No tenemos varita mágica. Traducción desde el diccionario morenista: No tenemos dinero, no tenemos planeación, no tenemos capacidad, pero sí tenemos excusas. Y tenemos gritos.
El video es una postal perfecta del momento que vive Morena en sus propios territorios. La gente ya no cree en el cuento de “es que nos dejaron un cochinero”. Llevan siete años gobernando el país y dos años lleva May en Tabasco. ¿Cuánto tiempo más necesitan para arreglar “sólo un tramo”?
Lo más sarcástico es la aritmética oficial: 30 años de abandono del pueblo vs. 2 años de gobierno del salvador. Y la culpa, por supuesto, sigue siendo de los 30 años anteriores. La varita mágica nunca llega, pero la soberbia sí, y llega rápido.
En Tabasco, donde nació todo, donde todo debía ser ejemplo, el gobernador le grita a los campesinos que lo cuestionan. No ofrece ruta, no ofrece fecha, no ofrece presupuesto. Ofrece resignación: no soy mago.
Tenía razón. Mago no es. Gestor, tampoco.



