CDMX.- En plena aprobación de la Ley de Ingresos 2027 —que autoriza hasta 1.7 billones de pesos de deuda interna más deuda externa—, la diputada morenista Dolores Padierna reconoció con toda claridad que durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador se usó deuda pública para financiar las inversiones de la 4T. “¿En qué hemos invertido la deuda desde el presidente López Obrador? En las inversiones de la 4T”, dijo, mencionando explícitamente proyectos como la refinería de Dos Bocas y el Tren Maya. La declaración, contradice el discurso repetido de que esas obras se hicieron “sin endeudar al país” y solo con recursos propios o austeridad.
Los números oficiales no dejan lugar a eufemismos. El Saldo Histórico de los Requerimientos Financieros del Sector Público (la medida más amplia de la deuda) pasó de alrededor de 10.5 billones de pesos al cierre de 2018 a más de 17 billones al final del gobierno de AMLO, y ya supera los 19 billones en 2026. Padierna ha intentado minimizar el aumento comparándolo con sexenios anteriores usando cifras de “deuda neta”, un indicador que fact-checkers como Animal Político calificaron de engañoso porque no refleja el stock real que hay que pagar. Mientras tanto, las obras emblemáticas acumularon sobrecostos brutales: el Tren Maya terminó por encima de los 500 mil millones de pesos (frente a estimaciones iniciales mucho menores) y Dos Bocas casi duplicó su costo previsto, según análisis de organizaciones como México Evalúa. Hoy ambas requieren subsidios permanentes porque sus ingresos no cubren los gastos de operación.
Lo más grave no es solo la admisión, sino que el gobierno de Sheinbaum sigue pidiendo autorización para contratar más deuda mientras asegura que está “reduciendo el déficit”. Las megaobras que se vendieron como productivas y autosostenibles no generan los ingresos prometidos; al contrario, se convierten en pasivos que arrastran al erario. La disciplina fiscal de la que presumía la 4T era, en la práctica, un mito financiado con el futuro de los mexicanos. Y ahora, con el sistema de salud en crisis y el costo financiero de la deuda comiéndose cada vez más presupuesto, queda claro que se hipotecó al país para proyectos que no se pagan solos y cuya rentabilidad sigue sin demostrarse.
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