Quintana Roo.- Josefina Rodríguez Zamora, secretaria de Turismo, salió en Quintana Roo a repetir el manual de supervivencia política: “Que se investigue, no tengo nada que ocultar”. Lo dijo después de que Reforma documentara, con fotos, un anillo de diamantes tasado hasta en 900 mil pesos, un Cartier de unos 140 mil, vestidos y zapatos de decenas de miles, y a su prometido —procurador ambiental de Tlaxcala— con Rolex y lentes de la misma liga. Ella gana unos 132 mil pesos netos al mes; él, cerca de 95 mil. La respuesta oficial es que todo viene de un “patrimonio familiar” construido en la industria restaurantera, que está en sus declaraciones y que no se usó un peso público. Falta lo único que importaría: las facturas, las fechas de compra y el cruce con lo declarado.
El problema no es solo el escaparate. Días después el mismo diario señaló a su hermano, José David Rodríguez Zamora, analista en la Secretaría de Desarrollo Turístico de Puebla, por promover peleas de gallos de una empresa privada y por quedar ligado a la organización del Tianguis Turístico 2027, un evento con bolsa superior a 200 millones de pesos. La secretaria niega nepotismo y dice que las decisiones de Sectur son “institucionales”. Invitar a que “se investigue” sin abrir ella misma sus expedientes, sin que la SFP o la Fiscalía anuncien una revisión formal y sin explicar por qué en algunas imágenes públicas desaparecieron precisamente los objetos de lujo, no es transparencia: es un farol. En un gobierno que vendió la “justa medianía”, el lujo no es pecado por sí solo; lo que resulta insoportable es el discurso de austeridad con Photoshop, la familia metida en el mismo sector y la certeza de que, si nadie mueve un expediente, el reto se queda en frase para la cámara.
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