Sheinbaum acusa posible violación a la soberanía tras muerte de dos agentes de la CIA en Chihuahua
Sheinbaum exige explicaciones tras muerte de dos agentes de la CIA en Chihuahua
Chihuahua.- La presidenta Claudia Sheinbaum intentó ayer marcar territorio tras la muerte de dos estadounidenses en un accidente vial en Chihuahua. Primero dijo que “sí estaban trabajando conjuntamente” con autoridades mexicanas, luego exigió investigar si se violó la Constitución y la Ley de Seguridad Nacional, y remató que la gobernadora panista Maru Campos no se ha comunicado con ella.
Minutos después, la narrativa mutó: según reportes de The Washington Post citados en medios como Fox y replicados en redes, los fallecidos no eran simples diplomáticos, sino agentes de la CIA operando contra cárteles de la droga. Sheinbaum endureció el tono y habló de posible violación a la soberanía. Senadores de Morena y el PVEM ya amenazan con citar al fiscal de Chihuahua, César Jáuregui, a comparecer. Javier Corral y Manuel Velasco se sumaron al coro.
El problema es que esta indignación selectiva huele a teatro barato. El gobierno federal lleva años presumiendo “cooperación” con Estados Unidos en materia de seguridad mientras el narco mantiene control territorial en varias regiones del país, incluyendo zonas de Chihuahua. De pronto, cuando mueren dos agentes estadounidenses en circunstancias aún no aclaradas del todo (accidente o emboscada, según versiones circulando), surge la defensa férrea de la Constitución que, paradójicamente, el propio oficialismo ha doblado a conveniencia en otros temas.
La realidad es brutal y verificable: México sigue sin capacidad (o voluntad política) para desmantelar a los cárteles que operan con impunidad. En lugar de asumir que la presencia de inteligencia extranjera refleja el fracaso del Estado mexicano para garantizar seguridad en su propio territorio, Sheinbaum opta por el discurso soberanista de manual: “que investiguen”, “que den información veraz”, “Maru Campos no llama”. Mientras tanto, miles de mexicanos siguen cayendo cada año por la violencia del narco sin que eso genere la misma urgencia ni comparecencias exprés en el Senado.
Este episodio desnuda la contradicción central del actual gobierno: reclama soberanía cuando le conviene para desviar atención, pero tolera (o no puede impedir) que el crimen organizado funcione como un poder paralelo. Que ahora amenacen con llamar a comparecer al fiscal local mientras el Ejecutivo federal sigue sin dar resultados contundentes contra los grupos criminales es, en el mejor de los casos, una distracción; en el peor, una hipocresía calculada.
La soberanía no se defiende con conferencias ni tuits indignados. Se defiende con Estado de derecho real, inteligencia propia eficaz y voluntad de enfrentar al narco sin miramientos. Mientras eso no ocurra, episodios como el de Chihuahua solo recordarán que, en materia de seguridad, México sigue mendigando o tolerando ayuda externa… y luego se rasga las vestiduras cuando esa ayuda cobra factura.
Duro, pero es la cruda realidad: más discurso que resultados. Y los mexicanos, como siempre, pagan el precio.



