Sheinbaum arremete contra Salinas Pliego: lo acusa de incitar violencia sin pruebas y lo liga a protestas de la CNTE
En mañanera, la presidenta defendió su gestión ante las movilizaciones magisteriales por el incumplimiento de promesas de campaña sobre la Ley del ISSSTE, y cuestionó las declaraciones del empresario
CDMX.- En menos de 48 horas, la presidenta Claudia Sheinbaum pasó de presumir el Olinia —ese supuesto auto eléctrico “100% mexicano” que costará entre 90 y 150 mil pesos, alcanzará 50 km/h y llegará al mercado hasta 2027— a desatar una ofensiva personal contra Ricardo Salinas Pliego. Todo porque el empresario se atrevió a comparar, con sorna y números en mano, su Italika de 16,999 pesos (73 km/h, 150 km de autonomía y disponible hoy) con el lento y tardío proyecto gubernamental.
El detonante fue claro. Salinas publicó el domingo: “La imagen perfecta de la diferencia entre un empresario privado que fabrica y vende productos útiles… y un gobierno que desarrolla proyectos absurdos, costosos y sin sentido”. Sheinbaum no tardó en responder en mañanera: lo acusó de “promover protestas violentas” rumbo al Mundial 2026, insinuó que está detrás de las movilizaciones de la CNTE (aunque admitió que “no tiene pruebas”) y revivió el viejo pleito fiscal para pintarlo como un enojado que “pagó sus impuestos”. Para rematar, su coordinador en Puebla, José Luis García Parra, remató: las Italika representan el 55% de los delitos en el país y Salinas es un “usurero” que abusa de la gente con créditos interminables.
Pura cortina de humo. La CNTE —ese monstruo sindical que la 4T mimó y empoderó durante años— suspendió el diálogo con el gobierno porque Sheinbaum no cumplió su promesa de campaña de eliminar la Ley del ISSSTE 2007. Los maestros, furiosos, han bloqueado avenidas y hasta llegaron a dañar instalaciones de TV Azteca. En lugar de asumir que cosecha lo que sembró, la presidenta prefiere fabricar un enemigo externo: el empresario que se atreve a señalar lo evidente.
El contraste es brutal y ridículo. De un lado, un privado que genera empleo, paga impuestos (aunque tarde) y ofrece movilidad real a millones de mexicanos. Del otro, un gobierno que gasta dinero público en un prototipo lento, importado en partes de China y regulado a la medida para que no compita de verdad. Mientras tanto, la inseguridad sigue galopando y los distractores se multiplican.
Sheinbaum no gobierna: reacciona. Cuando la crítica duele, saca el látigo moral y el viejo rencor fiscal. Cuando la CNTE —su propia criatura— se le voltea, culpa al que menos tiene que ver. Es el mismo manual autoritario de siempre: quien critique, es golpista; quien ofrezca alternativas reales, es enemigo del pueblo.
La realidad es más simple y demoledora: el “Bochairo” eléctrico es un fracaso anunciado antes de nacer. Y el pánico de Palacio solo confirma lo que Salinas y millones de mexicanos ya saben: este gobierno no resuelve problemas, solo busca culpables.




