Sheinbaum blinda a sus narcoaliados: “No hay pruebas”, la “soberanía” que solo aparece cuando arde Morena
La presidenta argumentó que la FGR no encontró elementos suficientes, que todo debe regirse por las leyes mexicanas y que se trata de un asunto de soberanía nacional
CDMX.- En plena crisis por las acusaciones del Departamento de Justicia de EE.UU., Claudia Sheinbaum rechazó de facto la solicitud de detención provisional con fines de extradición contra el gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, y otros nueve funcionarios y exfuncionarios morenistas. Según Washington, formaban parte de una red que conspiró con “Los Chapitos” del Cártel de Sinaloa para traficar drogas y armas hacia Estados Unidos.
La Presidenta lo resumió en tres argumentos: la FGR no vio pruebas suficientes, todo debe regirse por las leyes mexicanas y se trata de un asunto de soberanía nacional. Cada uno se cae solo.
Primero, no es un “chisme”. EE.UU. envió una solicitud formal con expediente. Que la Fiscalía General la descarte en días, sin investigación profunda visible, no es rigor jurídico: es trámite exprés para proteger a los suyos. Rocha ya declaró ante la FGR y mantiene su inocencia, pero el gobierno federal prefiere escudarse en formalismos en lugar de exigir una investigación transparente que aclare todo.
Segundo, México ha extraditado sin drama a capos y funcionarios cuando le convenía (el Chapo, García Luna y decenas más). La “soberanía” se activa mágicamente solo cuando los señalados son gobernadores, senadores y alcaldes de Morena. Hipocresía pura.
Tercero, Ricardo Monreal salió a defender a Rocha argumentando que “la oposición” no puede hacer campaña de desprestigio sin orden de aprehensión mexicana. Olvida lo esencial: las acusaciones no vienen de la oposición, vienen del gobierno de Estados Unidos. Usar esa excusa es un insulto a la inteligencia pública.
Este caso no es solo jurídico. Es político. Proteger a Rocha y compañía implica reconocer que Morena gobernó Sinaloa con el mismo aparato que ahora está bajo sospecha grave. La inacción no defiende la soberanía: la erosiona. Envía un mensaje claro a Washington y al país: aquí los aliados del poder tienen fuero de facto.
Mientras tanto, la relación bilateral se envenena, la credibilidad de las instituciones mexicanas se hunde y los sinaloenses siguen viviendo bajo el mismo narcoambiente de siempre. Sheinbaum eligió el escudo político sobre la verdad y la justicia. Esa decisión tiene nombre: encubrimiento con disfraz de soberanía. Y tarde o temprano se pagará.



