Guanajuato.- Claudia Sheinbaum confirmó este viernes, en su mañanera desde Guanajuato, lo que Politico ya había filtrado un día antes: el miércoles 16 de septiembre habló por teléfono con Donald Trump. Dijo que la llamada “estaba programada”, que “muchas veces” conversan sin anunciarlo y que el tema fue comercial. Calificó el diálogo de “muy buena llamada”, admitió “algunos acuerdos” y se negó a dar detalles “hasta que no esté el acuerdo final”. Estuvieron en la línea el canciller Roberto Velasco y Marcelo Ebrard. Van, según ella, 22 llamadas.
En el segundo corte, negó haber hablado de seguridad. La coincidencia es incómoda. Ese mismo miércoles Trump envió al Congreso su determinación anual sobre países de tránsito y producción de drogas. Reconoció decomisos, laboratorios desmantelados y la caída de El Mencho. Y acto seguido exigió que México “exponga, detenga y procese” a los funcionarios públicos que han ayudado a los cárteles y “traicionado la seguridad y la soberanía de su propio país”. No es un tuit. Es un documento oficial.
El gobierno presume transparencia y “le reporta al pueblo”. Aquí el pueblo se enteró por una filtración estadounidense. Sheinbaum habla de avance comercial —aranceles, T-MEC, acero, autos— mientras Washington pone por escrito que el problema no es solo el fentanilo: son los narcopolíticos. Negar el tema de seguridad el mismo día en que el vecino lo pone como condición de evaluación no suena a diplomacia discreta. Suena a versión de control de daños.
Fuentes en Washington describieron la llamada como “regular” y con “ruido”; un funcionario estadounidense la llamó “constructiva”. Dos lecturas. Una sola certeza: si el acuerdo comercial avanza a puerta cerrada y la exigencia de arrestar funcionarios corruptos queda fuera de la versión oficial, el costo no lo paga Palacio. Lo paga un país que ya vive con fosas, bloqueos y autoridades que juran que “no hay nada”.
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