Sheinbaum confirma salida de Luisa Alcalde de Morena, pero hace mutis del caso "Andy"; "No tengo conocimiento de eso"
La respuesta de Sheinbaum sobre López Beltrán —“No tengo conocimiento de eso”— resulta, en el mejor de los casos, poco creíble.
CDMX.— En un día marcado por el ajedrez político interno de Morena, la presidenta Claudia Sheinbaum confirmó que invitó formalmente a Luisa María Alcalde Luján, actual presidenta nacional del partido, a ocupar la Consejería Jurídica de la Presidencia de la República, en sustitución de Esthela Damián, quien renunció para “trabajar” en Guerrero de cara a las elecciones de 2027. Sheinbaum señaló que aún espera la respuesta de Alcalde. Al mismo tiempo, la mandataria evitó confirmar versiones sobre una posible salida de Andrés Manuel López Beltrán (“Andy”), hijo del expresidente López Obrador, de la Secretaría de Organización de Morena. “No tengo conocimiento hasta ahora… Tengo la mejor opinión del comité directivo del partido”, respondió de manera lacónica durante la “Conferencia del Pueblo”.
Sus declaraciones, breves y calculadas, contrastan con el intenso rumor que circula desde hace semanas en círculos de Morena y que diversos medios han reportado como un hecho inminente: un reacomodo profundo en la dirigencia nacional del partido.
Un “ascenso” que parece un retiro lateral
La invitación a Luisa María Alcalde a la Consejería Jurídica se presenta oficialmente como un movimiento natural tras la renuncia de Esthela Damián. Sin embargo, el contexto pinta otro cuadro. Fuentes internas de Morena y reportes coincidentes señalan que Alcalde vive sus últimas horas al frente del partido, percibida por Palacio Nacional como un lastre por sus tropiezos en la negociación con aliados (PT y PVEM), acusaciones de soberbia, improvisación y cuestionamientos sobre el manejo de prerrogativas millonarias y su podcast “La Moreniza”.
En paralelo, circula con fuerza la versión de que Ariadna Montiel, actual secretaria del Bienestar —quien maneja uno de los presupuestos más abultados del gobierno (más de un billón de pesos)—, sería la elegida para relevarla al frente de Morena. Sheinbaum fue clara: si Montiel acepta la responsabilidad partidista, deberá dejar su cargo en el gabinete. Un enroque que, de concretarse, entregaría el control operativo del partido a una operadora de total confianza de la presidenta, con experiencia en padrones y movilización territorial, pero con menos peso discursivo.
Por su parte, Esthela Damián —la saliente consejera jurídica— se perfila para asumir la Secretaría de Organización en lugar de “Andy” López Beltrán, cerrando un círculo que desplaza a las figuras más asociadas al legado directo de Andrés Manuel López Obrador.
El “no tengo conocimiento” como estrategia
La respuesta de Sheinbaum sobre López Beltrán —“No tengo conocimiento de eso”— resulta, en el mejor de los casos, poco creíble. En la práctica política mexicana, especialmente en un partido tan vertical como Morena, es difícil imaginar que la presidenta ignore movimientos de esta magnitud en la dirigencia nacional, menos aún cuando ella misma está impulsando ajustes de fondo rumbo a 2027.
Este “desconocimiento selectivo” recuerda tácticas clásicas del poder: mantener distancia pública de las decisiones incómodas mientras se opera en privado. Sheinbaum parece decidida a tomar las riendas directas de Morena, desplazando a las piezas heredadas de la 4T original para evitar que errores de organización, conflictos internos o escándalos de opacidad (como los viajes de lujo atribuidos a López Beltrán o cuestionamientos al manejo presupuestal del partido) comprometan sus objetivos electorales intermedios y, eventualmente, la sucesión de 2030.
Crónica de un control anunciado
Este reacomodo no es un ajuste menor de gabinete: es una vuelta de tuerca que revela la fragilidad institucional de Morena y la concentración de poder en Palacio Nacional. La presidenta, a solo un año y medio de su llegada a la silla, ya marca territorio y deja claro que el partido no es un feudo intocable, ni siquiera para los herederos naturales del movimiento.
Queda por ver si Alcalde acepta el “ascenso” a la Consejería Jurídica (un cargo de bajo perfil político pero alto en exposición jurídica) o si resiste. También si Ariadna Montiel está dispuesta a dejar el control de los programas sociales —el corazón clientelar del gobierno— para asumir las complicadas batallas internas de un partido que, pese a su mayoría aplastante, muestra grietas en su operación territorial y en sus alianzas.
Mientras Sheinbaum insiste en que solo se entera por los medios o por “saludos” casuales, los hechos avanzan. Morena se reconfigura bajo su mando directo. El mensaje es claro: la era de las dirigencias “heredadas” está terminando. Ahora manda quien ganó la elección de 2024. Y parece dispuesta a no repetir los errores ajenos de cara a 2027.
Hasta el cierre de esta nota, ni Morena ni los involucrados han confirmado oficialmente el alcance completo de los cambios. Pero el silencio y los “no tengo conocimiento” dicen más que muchas conferencias.



