CDMX.- Claudia Sheinbaum salió este 9 de septiembre a vender el Paquete Económico 2027 como un alivio: ni nuevos gravámenes, ni “gasolinazos”, combate a la evasión y leyes para apoyar a las PyMEs. El discurso encaja con lo que Hacienda entregó un día antes al Congreso: tasas generales sin cambio, estímulos del Plan México y subsidios al IEPS de gasolina y diésel si el petróleo sigue alto. El problema es el truco de lenguaje. No hay impuesto nuevo con nombre propio, pero sí hay rediseño del ISR —límites a deducciones y pérdidas fiscales—, control de litros vendidos versus litros adquiridos desde julio de 2027 y una meta de recaudación tributaria de 15.9% del PIB. El SAT ya habla de 54 mil empresas con cinco años de pérdidas consecutivas y 129 mil con tres años; de octubre de 2024 a agosto de 2026 bloqueó más de 38 mil factureras. Eso no es un eslogan: es apretar la tuerca a quien ya está en el sistema.
El gobierno presume ingresos tributarios y no tributarios por 6 billones 995 mil millones de pesos, 1.1 billones para Programas del Bienestar y alzas nominales en educación (10.7%), salud (11.3%), seguridad (11.5%) y campo (20.6%). Al mismo tiempo proyecta crecimiento de apenas 1.5 a 2.5%, déficit de 3.9% del PIB y una recaudación de IEPS a gasolinas que Hacienda estima 16.2% mayor en términos reales. Sheinbaum insiste en que “no se está endeudando al país”; los documentos no hablan de un país libre de deuda, sino de sostener el gasto social con más fiscalización y con un saldo histórico de requerimientos financieros que se mantiene elevado. Prometer que el combustible no subirá mientras se rastrea cada litro para cobrar diferencias de volumen es, en la práctica, otra forma de recoger dinero sin llamar impuesto al mecanismo.
El anuncio de apoyo a micro y pequeñas empresas convive con un andamiaje que endurece controles, simplifica en el papel y recauda en los hechos. Después de años de repetir que el problema es “el que no paga”, el paquete 2027 sigue sin resolver lo que sí duele al bolsillo cotidiano: crecimiento flojo, formalidad incompleta y un Estado que necesita más caja para programas, pensiones e intereses. No hay gasolinazo declarado; hay una apuesta a que la gente recuerde la frase y no la letra chica del ISR y del IEPS. El Congreso tiene ahora el texto. Ahí se verá si esto es disciplina fiscal o solo un recauchutado de la misma promesa.
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