Guanajuato.- El video que circuló el 8 de octubre desde un hospital del IMSS en Guanajuato no necesita subtítulos. Pasillos saturados, gente con suero sentada en sillas de espera, pacientes recostados en el piso y una médica sola frente a la fila. Marco Levario Turcott se lo mandó directo a Claudia Sheinbaum: no es un algoritmo, es el sistema. El mismo día, el delegado del IMSS en Guanajuato, Eusebio Rosales Partida, admitió que siguen faltando medicamentos porque licitaciones centrales quedaron desiertas y los proveedores no entregan. La salida que ofreció no es surtir la receta: es que el paciente deje su teléfono en un módulo de Atención y Trato Digno y espere a que alguien le avise si logran comprarlo. Días antes, médicos y personal de León y Celaya ya habían protestado por la falta de medicinas y material de curación.
El patrón no es local. En Veracruz, el oncólogo pediatra Sergio Miguel Gómez Dorantes denunció en septiembre que en la Torre Pediátrica operan con guantes de tinte de cabello, sin medio de contraste y con cirugías detenidas; el desabasto, dijo, llevaba seis meses. El 7 de octubre la gobernadora Rocío Nahle reconoció que faltaban seis claves oncológicas en el Hospital de Alta Especialidad, aunque sostuvo un abasto del 95% en ese rubro y del 70% en el área general. El coordinador estatal del IMSS-Bienestar, Roberto Ramos Alor, explicó que en Coatzacoalcos el medicamento se acaba en una semana por la demanda, y semanas antes soltó a los residentes que si no querían operar sin insumos, no operaran. En agosto, Proceso documentó el recorte del catálogo de la Secretaría de Salud: de 2,753 a 1,929 claves, y solo 871 para hospitales de segundo nivel del IMSS-Bienestar, el esquema que atiende a unos 55 millones sin seguridad social.
Ahí está la estafa política. Se prometió salud gratuita y universal, se centralizó la compra para “acabar con la corrupción” y el resultado visible es el paciente en el suelo y la receta incompleta. Las cifras oficiales de surtimiento —por encima del 90% en varios reportes— conviven con protestas, compras de bolsillo y funcionarios que ya no niegan el hueco, solo lo administran. Sheinbaum puede llamar ruido a lo que circula en redes. El piso del hospital no es un algoritmo.
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