CDMX.- En la mañanera del 24 de septiembre, Claudia Sheinbaum cerró el relato de su gira de “Honestidad y Resultados” con una frase redonda: la gente está contenta. Lo dijo después de recorrer estados, de hablar de indicadores económicos y de anunciar una asamblea en el Zócalo el 27.
Esa “alegría” choca con lo que documentan los propios registros y las colectivas. El país sigue con más de 132 mil personas desaparecidas o no localizadas en el recuento histórico; solo en 2026 se acumularon miles de reportes nuevos. En Sinaloa, en semanas recientes, hubo intento de levantar a una buscadora frente a sus hijos y un ataque a balazos contra Alma Rosa Rojo. Colectivos de todo el país han exigido que el Estado reconozca el riesgo de quien busca, no que lo tape con mítines.
Hablar de un pueblo feliz mientras las fosas, los plantones frente a fiscalías y las amenazas a quienes escarban la tierra siguen abiertas no es un matiz: es una operación de desconexión. La presidenta mide el ánimo en los saludos de la gira; las familias lo miden en hijos que no vuelven y en compañeras que reciben balas por buscarlos. Mientras esa brecha no se cierre con resultados, no con asambleas, la frase suena menos a diagnóstico y más a consigna.



