CDMX.- Claudia Sheinbaum insiste en que las fallas y las tragedias del Tren Maya y del Interoceánico se deben a “errores humanos”. Lo dice después de que el 28 de diciembre de 2025 el Interoceánico se descarrilara en Oaxaca, matara a 14 personas y dejara decenas de heridos; la FGR cerró el caso culpando al maquinista, al conductor y al jefe de despacho por exceso de velocidad, y exoneró a la Marina. El 31 de agosto de 2026, un día antes de su Segundo Informe, una rueda del último vagón del Tren Maya se salió de la vía a 50 metros de la estación de Campeche: 123 pasajeros desalojados, cero heridos y el mismo eufemismo de siempre, “percance de vía”.
Ni el mantenimiento precario, ni el balasto suministrado por Amílcar Olán —amigo íntimo de Andy y Gonzalo López Beltrán—, ni la “supervisión honorífica” que AMLO le encargó a su hijo Gonzalo “Bobby” entran en el diagnóstico oficial. Audios difundidos por Latinus muestran a Olán y a Pedro Salazar Beltrán, primo de los hermanos, hablando de metas de producción, de laboratorios sobornados para certificar piedra de mala calidad y hasta de la posibilidad de que el tren se descarrilara. Sheinbaum ya dijo que Bobby solo revisaba tiempos, no la técnica. Resulta cómodo.
En el Informe, la presidenta presume 2.5 millones de pasajeros en el Maya y “viabilidad operativa” del Interoceánico, sin mencionar el último descarrilamiento ni el de julio, que ella misma minimizó con un “más que descarrilamiento, se movió”. Mientras el gobierno señala al operador de turno, el círculo familiar del expresidente sigue sin rendir cuentas por el material que sostiene las vías y por la vigilancia que se vendió como honorífica. La culpa, otra vez, es de quien manejaba el tren. No de quien lo construyó así.
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