Sheinbaum empinó a Andy al destapar el huachicol fiscal: ¿fue a propósito o sin querer?
Qué casualidad, los gringos investigas a Andy y a la gente de AMLO, pero a Sheinbaum no la tocan.
CDMX.— Claudia Sheinbaum puede repetir mil veces que Andy López Beltrán “no estuvo en el radar”. Es mentira política. Andy anda embarrado por ella. Por su gobierno. Por Harfuch. Porque mientras AMLO fue presidente, el huachicol fiscal de los barcos operó sin que nadie lo exhibiera. No hubo fuga. No hubo conferencia. No hubo carpetazo público. La red trabajó. Cuando Sheinbaum llegó, la caja se abrió. La presidenta destapó el contrabando de combustible sin importar que al hacerlo, dejaría expuesto a Andy, a AMLO, a la Marina, etc. Tanto es así que de ese expediente salió el nombre de Andy. La pregunta es: ¿por qué lo hizo? ¿Es que no sabía que AMLO e hijos operaban ese ilícito? ¿O fue sin querer?
Y estos hechos son los que cuentan. No el deslinde de la mañanera.
Durante el sexenio de López Obrador el contrabando de combustible por aduanas marítimas no era un escándalo nacional. Había denuncias internas, sobrinos de Ojeda, Marina metida en aduanas, barcos, papeles falsos. Pero no se destapó. Nadie lo puso en la mesa. Nadie lo puso en los medios, hasta que Claudia Sheinbaum lo hizo vía Omar García Harfuch. Por eso AMLO e hijos pudieron operar sin preocupaciones. Sin reflectores. Sin detenciones de alto perfil. Sin testigos protegidos confesando.
Sheinbaum sí lo destapó. En marzo de 2025 cayó el Challenge Procyon en Tampico. El 7 de septiembre Harfuch —su alfil, su secretario, su hombre de seguridad— anunció el “mayor golpe” contra la red. Ahí empezó el hundimiento. Esa investigación es la que hoy tiene a los Farías presos o en extradición. Esa misma investigación es la que, según el abogado de los marinos, Epigmenio Mendieta, contiene dos declaraciones de testigos sobre el “visto bueno o las facilidades de Andy” y menciones a Adán Augusto.
Epigmenio Mendieta no es un abogado de relleno. Es litigante de alto perfil, el mismo que defendió a Rosario Robles, y ahora lleva a los hermanos Farías Laguna. No habla desde la oposición ni desde un tuit: habla desde el expediente. Lleva meses acusando justicia selectiva, carpeta incompleta y chivos expiatorios. El 18 de agosto lo dijo sin anestesia ante Azucena Uresti: hay dos declaraciones de testigos que atribuyen a Andy el visto bueno o las facilidades de las operaciones, y también aparece Adán Augusto. Mientras Sheinbaum deslinda, Mendieta afirma que esas menciones ya están en la investigación… y que Estados Unidos ha seguido esa ruta.
Sheinbaum dice que no hay pruebas. Mendieta dice que las menciones están en el expediente. La FGR dice que no alcanzan. Qué conveniente. El gobierno de Sheinbaum que abrió el caso es el mismo que ahora decide que el nombre del hijo de AMLO no vale para citarlo. A los marinos sí. A Palenque, no.
Eso no es rigor. Es contención. ¿O hipocresía? Hay una cosa muy clara. Sheinbaum es la autora de este destape, pues de no ser por ella, nada se supiera del Huachicol fiscal y Andy no sería objeto de señalamientos.
Puede que no lo haya planeado como una puñalada personal. Da igual. En política pesan los hechos, no las intenciones. Ella abrió la caja de Pandora. Andy quedó dentro. AMLO también. Hoy el hijo del fundador anda sin visa, el entorno de Palenque grita injerencia y Washington aprieta. Sheinbaum sale a decir que es un asunto político. Claro que es político. El problema es que el expediente lo produjo su gobierno. Su gobierno de la 4T.
Y aquí viene la casualidad que nadie en Palacio quiere nombrar: la ofensiva de Estados Unidos apunta a AMLO y a su gente. Andy. El círculo. La narrativa de que “van por el grande”. A Sheinbaum no la tocan. No le retiran el trato. No la ponen en el mismo saco. Qué casualidad que quien destapó la red sea quien hoy queda más limpia, y que quienes quedaron expuestos sean el expresidente y su hijo.
Sheinbaum quiere el crédito de haber combatido el huachicol y, al mismo tiempo, el privilegio de deslindar a Andy. No se puede. Si el caso no se hubiera judicializado bajo su mandato, Andy no estaría hoy explicando una visa, ni un abogado de los detenidos estaría leyendo su nombre en dos testimonios, ni Estados Unidos tendría una herida abierta justo en el flanco de Palenque.
Ella lo empinó. Lo demás es discurso.



