CDMX.- En su primer live en Instagram y TikTok, el 13 de octubre, la presidenta Claudia Sheinbaum se puso a platicar con la gente sobre el decreto que obliga a las plataformas a bloquear a menores el acceso a discursos de odio, violencia sexual, suicidio, autolesiones, ciberbullying y material explícito. En medio de la charla, alguien le soltó un “usted parece adicta”. Ella se detuvo, negó de plano que fume marihuana y acusó de fake news a la periodista Anabel Hernández, quien en septiembre aseguró (sin pruebas públicas ni fuentes identificables) que miembros del gobierno le habían contado que la presidenta consumía cannabis para aguantar la presión y una supuesta depresión.
El decreto, anunciado tras el ataque en una secundaria de Torreón, no trae sanciones inmediatas: Sheinbaum y Luisa María Alcalde insistieron en que las empresas se sumen “de manera voluntaria” y que, si no cumplen, ya se verá después una regulación con dientes. Las plataformas dijeron que sí, el documento se publica en estos días y listo. Mientras tanto, la conversación pública se desvió hacia si la mandataria fuma o no, un rumor que ella desmintió de nuevo y que en 2018 ella misma había relativizado al admitir que de joven sí la había probado.
Al final, el ejercicio de “escuchar a la ciudadanía” terminó siendo el desmentido de un chisme de redes. El decreto sale sin castigo efectivo y la presidenta tuvo que aclarar, otra vez, que no anda de pacheca. Prioridades.
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