Ciudad de México.— Claudia Sheinbaum hizo el ridículo en la mañanera de este miércoles al excavar en el pasado lejano para echar culpas ajenas y deslindar a Morena, a la 4T, a AMLO y a ella misma, de la responsabilidad directa en el escándalo de Guadalupe Taddei en el INE.
La presidenta del organismo electoral renunció el 26 de octubre de 2026 tras una cascada de revelaciones sobre presuntos conflictos de interés, contratos millonarios a empresas vinculadas a José Alfredo Hernández Casillas (y su red de proveedores), triangulación de recursos, choferes y funcionarios cercanos, y una investigación de oficio de la Auditoría Superior de la Federación (ASF) que ya habla de irregularidades por cientos de millones.
En lugar de asumir que esto ocurrió bajo el control político de la 4T —Taddei presidió el INE desde abril de 2023, organizó las elecciones de 2024 que llevaron a Sheinbaum al poder y operó durante el sexenio de AMLO y el arranque del actual—, la mandataria prefiere una larga relatoría sobre 2014 en Sonora, Lorenzo Córdova, Ciro Murayama y Guillermo Padrés, como si el tiempo se hubiera detenido antes de que Morena controlara el Congreso y el Ejecutivo.
Los pretextos no se sostienen.
Taddei no “llegó por Morena” en un sentido formal de militancia previa, pero sí fue designada en 2023 por la Cámara de Diputados (con mayoría morenista) mediante sorteo/tómbola precisamente porque no alcanzaron las dos terceras partes; no fue un accidente ajeno a la 4T. Su gestión coincidió plenamente con el gobierno de AMLO y el de Sheinbaum.
Los contratos cuestionados, las relaciones personales documentadas (incluyendo videos de un hijo de Taddei con el empresario en París) y las irregularidades detectadas por la ASF y reportadas por medios son de su periodo al frente del INE, no de la era de Córdova.
Señalar que “Morena todavía ni existía” en 2014 cuando ella entró al OPLE de Sonora es un distractor cronológico irrelevante: el problema no es su currículum de 2014, sino la corrupción y el conflicto de interés bajo su presidencia nacional en plena hegemonía morenista. La 4T atacó durante años la autonomía del INE (Plan B y sucesivas reformas), lo debilitó y luego dejó que estos “coyotes” operaran. Ahora, cuando explota el escándalo, se lava las manos apuntando al PRIAN y a los años 90.
En la mañanera de este miércoles, Sheinbaum dijo: “Él la aprobó para ser presidenta del IEE Sonora en 2014”. Y amplió: “Todos ellos aprobaron a Guadalupe Taddei en Sonora, 2014, Morena todavía ni existía como partido político, ella se queda ahí hasta 2021… ella viene de las personas que se han ido reciclando en los Institutos Electorales”.
También afirmó: “Ahora hay una campaña de que Taddei era de Morena. Ella entró en 2014 en Sonora. Entonces, no tenía una participación política. Su historia viene de la historia de los institutos electorales y de esas personas que se han ido reciclando en los institutos electorales. Es muy importante que se sepa, porque ahora parece que llegó Morena al INE. No, se eligió a través de un sorteo porque no hubo las 2/3 partes”.
Sobre los proveedores y el “coyotaje” electoral añadió que el fenómeno viene de décadas atrás (“desde los años 90”, con menciones a 1999 en el Estado de México y los hermanos Hernández Casillas) y propuso: “Acabamos con los mapaches electorales y ahora vamos a acabar con los coyotes electorales”, pidiendo que la papelería se produzca en Talleres Gráficos de México y que la ASF audite “no sólo del último año, sino de todos los señalamientos”, con la coletilla de que “si es necesario una denuncia penal que proceda”.
Es el clásico reflejo 4T: todo lo malo es herencia del pasado neoliberal, del PRIAN, de Córdova o de Padrés, mientras se ignora que Morena lleva casi ocho años en el poder federal, controla mayorías legislativas, ha nombrado y supervisado autoridades electorales y tiene la obligación constitucional de garantizar la integridad del árbitro electoral.
La culpa de Morena-4T-AMLO-Sheinbaum es clara: permitieron, toleraron o no detectaron a tiempo (o no quisieron ver) estas prácticas en el organismo que organizó su propia llegada al poder. Ir al pasado de 2014 para deslindarse es un acto de evasión que solo ridiculiza a quien lo hace. Las auditorías deben ser profundas y sin aforos políticos, pero la responsabilidad política de quién gobernaba cuando estalló el escándalo bajo Taddei no se borra con una tómbola de 2023 ni con un nombramiento local de 2014.



