Sheinbaum “invita” a Luisa Alcalde a la Consejería Jurídica: el circo del reacomodo morenista que nadie se cree
Sheinbaum invita a Luisa María Alcalde a la Consejería Jurídica tras renuncia de Esthela Damián
CDMX.- En plena mañanera del 22 de abril, Claudia Sheinbaum anunció que propuso a Luisa María Alcalde como nueva consejera jurídica de la Presidencia tras la renuncia de Esthela Damián, quien se va a “trabajar” a Guerrero de cara a la elección de 2027. Horas después, la propia Alcalde respondió con un desparpajo inusual: “denme un ratito para pensarlo… ya la buscaré”. Ni siquiera fingió entusiasmo. La presidenta, mientras tanto, negó tener injerencia en los movimientos internos de Morena y defendió al comité directivo del partido, incluido Andrés “Andy” López Beltrán, del que dijo tener “la mejor opinión”.
Inicialmente, Alcalde respondió con un desparpajo inusual: “Como le dije a ella, denme un ratito para pensarlo… ya la buscaré”. Sin embargo, horas después Luisa María Alcalde confirmó su aceptación: “Me voy contenta”, dijo, y anunció que en los próximos días se convocarán a los órganos directivos de Morena para elegir a un nuevo dirigente.
En un mensaje posterior, Alcalde expresó: “Con profundo orgullo y agradecimiento, acepto la honrosa encomienda de la presidenta Claudia Sheinbaum para integrarme como Consejera Jurídica del Gobierno de México”. También aseguró que seguirá “luchando del lado del pueblo”.
Esto no es un ascenso por méritos indiscutibles, sino el clásico enjuague de la 4T: una dirigente que enfrentó resultados electorales mediocres y tensiones internas durante su paso por la presidencia de Morena es reubicada en un puesto clave del gobierno federal para mantenerla cerca y dentro del círculo de poder.
Alcalde acumula un historial de cargos obtenidos más por lealtad que por resultados contundentes: Secretaría del Trabajo, Secretaría de Gobernación y la dirigencia nacional del partido. Su rápida transición del “ratito para pensarlo” a la aceptación total dice más de las pugnas internas en Morena y de la necesidad de control que de cualquier “reconocimiento a la trayectoria”.
El mensaje es claro y preocupante: en Morena no hay salida digna para los cuadros, solo reacomodos para seguir en el erario público mientras el país enfrenta problemas reales. Esta coreografía de renuncias, “invitaciones”, dudas teatrales y aceptaciones rápidas no engaña a nadie. Es el mismo manual de siempre: simulación, compadrazgo y cero rendición de cuentas real al ciudadano.
México merece funcionarios que resuelvan problemas, no que roten como en un tianguis de favores políticos.



