Sheinbaum, la malquerida: Se emociona con una encuesta a modo para "sentirse aceptada" tras el rechazo manifiesto de los mexicanos
Este síndrome de la malquerida revela una debilidad profunda. Sheinbaum, elegida como continuidad de López Obrador, no logra consolidar su propia legitimidad.
Análisis.— Mientras la realidad marca un claro rechazo creciente, Claudia Sheinbaum se aferra a encuestas complacientes. De acuerdo a la encuesta de Latinus (Lorena Becerra, mayo 2026), su aprobación se ha desplomado al 59%, con una caída brutal de 21 puntos desde el 80% de marzo 2025 y una desaprobación que escaló al 39%. Por su parte, la encuesta de El País / Enkoll (finales de mayo 2026) registra un 68% de aprobación, con una pérdida de 7 puntos en pocos meses —la más pronunciada en año y medio—, atribuida al desgaste por crisis de seguridad y desconexión ciudadana. Estos datos, más creíbles y transparentes, desmienten la narrativa oficial y revelan el verdadero rostro de una presidencia en declive.
En el Palacio Nacional, este 15 de junio de 2026, la presidenta Claudia Sheinbaum se aferró como a un salvavidas a una encuesta de De las Heras Demotecnia. Con una sonrisa que delataba más alivio que triunfo, exhibió números que la colocan en 71-72% de opinión buena/muy buena, superando por un punto al propio Andrés Manuel López Obrador (70%). “Ah, esta está buenísima”, exclamó visiblemente emocionada.
Era el clímax de una presentación en la que, una vez más, el gobierno se autocelebraba con datos internos mientras el país real se desmorona en inseguridad, crisis regionales y descontento palpable. Este no es liderazgo; es el síndrome de la malquerida: una mandataria que, ante el rechazo creciente, busca consuelo en espejos deformantes pagados con recursos públicos.
La realidad vs. la burbuja de De las Heras
De las Heras, firma con historial de mediciones sistemáticamente favorables al oficialismo, entrega consistentemente cifras que rozan lo onírico: 71% de aprobación, calificación gubernamental de 7.2/10 y Morena dominando con 44-47% en preferencias. Es la misma casa que en ocasiones pasadas ha sido cuestionada por encuestas “a modo”, donde el control de campo propio y la metodología en vivienda parecen filtrar convenientemente la voz crítica. Sheinbaum no solo la presentó; se regodeó en ella, pidiendo al final que dejaran los números de su “presidente” AMLO. La desesperación era evidente: necesitaba esa validación pública para contrarrestar el ruido de las calles y las redes.
Contrastemos con encuestas más creíbles y recientes:
Latinus (Lorena Becerra, mayo 2026): Aprobación desplomada a 59%, con una caída brutal de 21 puntos desde el 80% de marzo 2025. Desaprobación subió a 39%. Morena también se desinfla. Estos números, presentados con metodología transparente, reflejan el desgaste real tras un año de gobierno marcado por promesas incumplidas en seguridad y economía. Sheinbaum cuestionó públicamente esta encuesta, como era previsible.
El País / Enkoll (finales de mayo 2026): 68% de aprobación, con una caída de 7 puntos en poco tiempo —la más pronunciada en año y medio—. Atribuida a crisis como las de Sinaloa y Chihuahua, pero sintomática de un malestar más profundo: percepción de que el país no avanza, inseguridad rampante y desconexión con la ciudadanía.
La diferencia no es casualidad. Mientras De las Heras entrega un bálsamo reconfortante, Latinus y Enkoll retratan a una presidenta en caída libre, cuya “honestidad” como principal atributo choca frontalmente con la realidad de un gobierno que evade responsabilidades y prefiere narrativas autocomplacientes.
El rechazo en las redes: mexicanos de carne y hueso
Lejos de los bots y las cuentas pagadas que inundan las plataformas oficiales, los comentarios reales en redes pintan un panorama desolador. Usuarios expresan hartazgo sin filtro: “Esa pinche ridícula sigue aferrada a la imagen de su amo... una vil marioneta”; “Pobre tonta”; “Ya se le salió de las manos”; “En qué par de demonios e ineptos ha quedado secuestrado el país?”; “Las encuestas no gobiernan”; “No tienes vergüenza Claudia, la economía está mal, la inseguridad ya nadie te cree”.
Videos virales muestran abucheos en las calles, manifestaciones de madres buscadoras y CNTE, y un silencio incómodo en la misma mañanera cuando se intenta bromear o presumir logros. No son bots opositores: son mexicanos cansados de un circo que ignora la violencia, la economía estancada y la sensación de que el país se descompone mientras la presidenta se emociona con gráficos selectivos.
Este síndrome de la malquerida revela una debilidad profunda. Sheinbaum, elegida como continuidad de López Obrador, no logra consolidar su propia legitimidad. Se refugia en encuestas amigables porque la realidad —esa que no se puede manipular en una diapositiva— muestra un rechazo creciente: polarización, desconfianza y un pueblo que, en las calles y comentarios auténticos, ya no compra el relato.
La malquerida se emociona con migajas de aprobación fabricada, mientras México exige soluciones reales. Desesperación pura. Y el espejo, tarde o temprano, se romperá.





