Sheinbaum, la presidenta tiktokera que vive pegada al celular en vez de gobernar
Gobernar no es dar likes, armar trends ni contestar cada provocación que aparece en la pantalla.
Análisis.— Claudia Sheinbaum llegó a la Presidencia con imagen de seriedad, rigor y distancia de las tonterías diarias. Prometían una líder que se concentraría en lo importante. La realidad es otra: una mandataria enchufada al teléfono como cualquier influencer de medio pelo, reaccionando a todo lo que se mueva en redes, armando pleitos públicos y desperdiciando el tiempo en batallas que no resuelven ni un solo problema de los mexicanos. En lugar de trabajar, parece que scrollea, se indigna y responde. Bienvenida a la era de la presidenta tiktokera.
Cualquier nota, cualquier comentario idiota, cualquier trending la saca de sus casillas. Esta semana, por ejemplo, perdió minutos preciosos de su agenda contestándole a un argentino cualquiera que dijo barbaridades sobre los mexicanos. ¿De verdad la jefa del Ejecutivo federal tiene que bajar al lodo de las redes para pelear con un don nadie? ¿Eso es prioridad nacional? Mientras tanto, la inseguridad, la economía y los pendientes reales siguen esperando. Pero claro, el celular está ahí, vibrando, y ella no se resiste.
El caso del avión de “El Mayo” Zambada es el ejemplo perfecto de este despropósito. Sale una nota sobre el FBI exhibiendo la aeronave en un museo en Nuevo México, presumiendo su rol. ¿Respuesta institucional discreta? No. Sheinbaum en persona sale a cuestionar, exigir explicaciones y señalar contradicciones con lo que había dicho Ken Salazar. Arma un escándalo diplomático con un exembajador que ya ni está en funciones, mientras el piloto que manejó ese avión —y que México tuvo detenido meses— se fue a Estados Unidos sin que le sacaran la información clave. Torpeza pura, exhibida en vivo y en directo. Pero ella prefiere pelear en público en vez de resolver en privado. Pegada al celular, armando su narrativa diaria.
Esto ya es un patrón. Reacciona a rumores, a notas periodísticas, a declaraciones lejanas. La imagen de seriedad se derritió y quedó una militante siempre lista para el enojo del día, disfrazado de defensa de la soberanía. En redes la gente lo nota y lo dice sin filtro: “Sheinbaum vive en el teléfono”, “en vez de gobernar se la pasa respondiendo pendejadas”, “tiktokera presidencial”. Los memes y comentarios duros se multiplican porque la realidad es evidente: más tiempo en modo reactivo que en modo gobernante.
Gobernar no es dar likes, armar trends ni contestar cada provocación que aparece en la pantalla. Es tomar decisiones difíciles lejos de los reflectores, anticipar problemas y ejecutar. Sheinbaum parece haber elegido el camino fácil: el del celular, el del escándalo matutino y el del pleito fácil con gringos o argentinos de quinta. Mientras ella scrollea y responde, México espera resultados que no llegan. La presidenta tiktokera está más preocupada por quedar bien en la pantalla que por hacer que el país funcione.
¿Hasta cuándo vamos a tolerar que la jefa de Estado actúe como una usuaria más de redes, pegada al aparato en vez de ponerse a trabajar de verdad? El show está entretenido, pero el país se está cayendo a pedazos. Es hora de que guarde el celular y empiece a gobernar. O al menos que nos deje de vender la idea de que esto es liderazgo.





