CDMX.- Claudia Sheinbaum llega a su Segundo Informe con 68% de aprobación y 32% de rechazo, según la encuesta nacional de El Financiero de agosto. Los programas sociales sostienen el número: 64% los ve bien. La economía apenas llega a 50%. El resto del gobierno se cae. Seguridad, crimen organizado y corrupción apenas tienen 13%, 11% y 14% de opiniones favorables. Lo que sí sube es el miedo: las opiniones negativas sobre seguridad pública saltaron de 61% a 76%, el peor dato de su administración. Y 65% de los encuestados —antes 52%— apunta a la inseguridad como el principal problema del país.
Ahí está la trampa. Palacio Nacional puede presumir homicidios a la baja y detenciones por miles; la gente, en cambio, dice que vive peor. No es un detalle: es la brecha entre el boletín oficial y la vida diaria. Una presidenta puede mantener popularidad alta si reparte apoyos, pero no puede vender paz cuando tres de cada cuatro ciudadanos ya califican mal su gestión en seguridad. El 68% no absuelve el 76%. Lo disfraza.
El informe se lee, entonces, como un ejercicio de contabilidad política: se exhibe lo que funciona —transferencias— y se minimiza lo que duele. Mientras la encuesta de 800 entrevistas telefónicas confirma que el país sigue nombrando al crimen como su primera angustia, el discurso oficial insiste en que vamos bien. La cifra de aprobación no es un milagro de gobernanza; es, cada vez más, el precio de no resolver lo que la gente ya no soporta.
Discusión sobre este post
Sin posts



