Sheinbaum niega el caos en Sinaloa, pero la realidad la desmiente
Sheinbaum asegura baja en homicidios de Sinaloa pese a pugna en el Cártel
CDMX.- La presidenta Claudia Sheinbaum insistió en que los homicidios en Sinaloa han disminuido, atribuyendo la violencia actual a una “pugna interna” en el Cártel de Sinaloa tras la captura de Ismael “El Mayo” Zambada y su entrega a Estados Unidos en julio pasado. Aseguró que su estrategia evita enfrentamientos militares para no afectar a civiles, priorizando detenciones legales, y reveló que el secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, está en la entidad revisando el plan. Además, rechazó las afirmaciones de Donald Trump sobre que los cárteles controlan México, calificándolas de “absolutamente falsas” y enfatizando que “aquí gobierna el pueblo”. Sin embargo, esto choca con reportes recientes: solo en las últimas semanas, diez mineros fueron secuestrados por un comando armado y dos diputados locales sufrieron atentados a balazos.
Esta postura de Sheinbaum parece más un ejercicio de negacionismo que una respuesta efectiva a la crisis. Mientras presume una baja en homicidios —dato cuestionable ante el subregistro crónico en zonas controladas por el narco—, la realidad en Sinaloa es de terror cotidiano: balaceras, secuestros y ataques que paralizan comunidades enteras. Su llamado a Estados Unidos para frenar el tráfico de armas (75% de las decomisadas provienen de allá, según sus cifras) es válido, pero ignora la complicidad interna: el gobierno federal ha sido criticado por pactos implícitos con grupos criminales durante campañas electorales, como se ha documentado en investigaciones periodísticas. Responder a Trump con un “es falso” sin acciones concretas solo expone debilidad, recordando que su antecesor, López Obrador, ya cedió soberanía al permitir operativos estadounidenses en suelo mexicano.
La dura verdad es que esta “estrategia de paz” es un fracaso rotundo: desde 2006, México suma más de 450 mil homicidios vinculados al crimen organizado, y Sinaloa sigue siendo un polvorín. Sheinbaum defiende la no confrontación, pero ¿a qué costo? Civiles pagan con sangre mientras el Estado se lava las manos, culpando al exterior. Si no cambia el rumbo, su mandato esta en riesgo de convertirse en otro capítulo de impunidad. Es hora de acciones reales, no de discursos vacíos.



