CDMX.— La presidenta Claudia Sheinbaum intentó montar una escena de adoctrinamiento contra las redes sociales y el tiro le salió por la culata. Durante su evento con jóvenes, donde quería demostrar que “las redes los tienen atrapados” y que ya no saben socializar sin un celular en la mano, les preguntó por juegos tradicionales esperando el silencio absoluto, la prueba perfecta para justificar su cruzada contra el internet.
¿Y qué pasó? Todos levantaron la mano.
Canicas, matatena, trompo, yoyo, resorte, avión, cuerda, memoria, el aro. Los jóvenes sí los conocen, sí los han jugado, sí saben socializar. El México que ella quiere pintar como adicto y perdido, no existe.
La jugada era clara: vender la idea de que la tecnología es el enemigo, que genera ansiedad, que nos roba 20 años de vida - como dijeron sus especialistas invitados a la mañanera - para luego venir a “rescatar” a los niños con yoyos de la SEP y una regulación de celulares y redes sociales para menores.
Desde junio viene con el mismo discurso: “Hay que regresar a jugar resorte, matatena, canicas”, “Uy yo era buenísima en resorte”, “Vamos a regresar los juegos tradicionales a las escuelas públicas”. Incluso anunciaron torneos nacionales de trompo y yoyo en los recreos mientras preparan la regulación sobre inteligencia artificial y plataformas digitales.
Quieren vendernos la idea de que el Estado tiene que controlar cuánto tiempo pasa un niño en TikTok para poder controlar el internet a su antojo, pero ni los niños les compran el cuento.
El teatro se les cayó en vivo. No entienden al México moderno, no entienden a los jóvenes, y sus intentos de adoctrinamiento con nostalgia barata son cada vez más patéticos.



