CDMX.- Claudia Sheinbaum anunció que Hacienda presentará un estudio sobre el Fobaproa y que dedicará una “mañanera especial” al tema. El diagnóstico que adelantó es brutal y, en lo esencial, cierto: no se amortiza el capital, se cubre solo una parte de los intereses y el resto se refinancia con más deuda. Por eso, dijo, aquella factura que se pensaba liquidar hacia 2050 “difícilmente se va a pagar”. El origen está en el rescate bancario de los noventa, convertido en deuda pública en 1998 por unos 550 mil millones de pesos. A julio de 2026, los pasivos del IPAB —el heredero del Fobaproa— siguen en 1 billón 165 mil 351 millones, más 35 mil 852 millones del programa de apoyo a deudores. Los intereses y gastos administrativos acumulados ya suman 2 billones 181 mil millones. Cada dos años el presupuesto destina 50 mil millones… y ni así se reduce de verdad el principal.
Hasta ahí, la crítica al diseño es justa. El problema es el momento y lo que falta. El anuncio cae en vísperas del Paquete Económico 2027, que Hacienda debe entregar el 9 de septiembre. Hablar del Fobaproa como “deuda impagable de los gobiernos del pasado” sirve para señalar a Zedillo, pero no explica por qué este gobierno —que administra el IPAB desde 2018— sigue operando el mismo esquema de refinanciamiento. El secretario Édgar Amador Zamora ya había dicho que las obligaciones podrían arrastrarse al menos hasta 2057. Si el estudio de Hacienda confirma que el capital no se paga, la pregunta no es histórica: es qué van a cambiar en el presupuesto de esta semana. Sin esa decisión, la mañanera especial corre el riesgo de ser un ajuste de cuentas televisado, no una corrección fiscal.
Y el contraste numérico es incómodo. Esa herencia del rescate representa el 6.2 por ciento de una deuda pública que La Jornada sitúa en 19 billones 221 mil millones a julio. La medida amplia del endeudamiento ya ronda el 51-52 por ciento del PIB, y la deuda bruta del sector público pasó de 11.02 billones al cierre de 2018 a 20.60 billones en julio de 2026. El Fobaproa sí es un lastre mal diseñado. Usarlo para no discutir el tamaño, el costo y el rumbo de la deuda que la 4T sí contrajo es otra forma de patear el bote: se señala el peculado de los noventa y se deja intacto el refinanciamiento de 2026.
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