Sheinbaum saca el "Plan B" como paracaídas tras el batacazo electoral: "No es derrota", dice... pero sin el carisma de AMLO se le nota el nerviosismo
La presidenta Claudia Sheinbaum sufrió su primera gran derrota legislativa: la Cámara de Diputados sepultó su reforma electoral
CDMX.- Claudia Sheinbaum sufrió un revés humillante en la Cámara de Diputados: su ambiciosa reforma electoral, que buscaba elegir a todos los diputados federales por voto directo y recortar el 25% del financiamiento a partidos, fue rechazada por falta de mayoría calificada. Ni siquiera sus aliados del PT y PVEM la respaldaron, exponiendo las grietas en la coalición de Morena. En su mañanera, la presidenta sacó de la manga un “Plan B” para salvar la cara: reducir “privilegios” en congresos locales y municipios, y fortalecer consultas populares, con un ahorro estimado de 4 mil millones de pesos que irían directo a estados y ayuntamientos. “No es una derrota, estoy satisfecha”, dijo con una sonrisa forzada, pero ¿a quién engaña?
El panorama es claro: esta reforma no era sobre democracia, sino sobre control. Oposición como PAN y PRI la tachan de “Frankenstein político” diseñado para perpetuar a Morena en el poder, ignorando sanciones al crimen organizado que financia campañas –un problema que ha batido récords en estos sexenios-. En redes, usuarios destacan el cinismo: Sheinbaum acusa a diputados morenistas -y a todos aquellos que no la apoyaron- de “falta de convicción” o influencia mediática, pero olvida que su partido se benefició de la sobrerrepresentación actual para llegar al poder. ¿Privilegios? Morena los tiene todos, desde el presupuesto inflado hasta el control de instituciones.
Es patético ver a una presidenta obsesionada con reformas cosméticas mientras México se desangra: récords en homicidios (más de 180 mil en el sexenio anterior), un sistema de salud en ruinas y el “huachicol fiscal” impune. Este Plan B, que enviará el lunes al Congreso, es puro humo constitucional –ella misma lo admitió–, pero revela su debilidad: rebasada por aliados que ya no le temen como a López Obrador. Si no pasa, “nada sucede”, dice. Pues sí pasa: México pierde tiempo en caprichos autoritarios que huelen a Venezuela. Sheinbaum, bájese de la nube; el pueblo pide seguridad, no más poder para unos pocos. Esto no es transformación, es retroceso. ¡Despierte!



