Sheinbaum se carcajea del “pacto criminal”, culpa a Calderón y truena: “¡México no es piñata de nadie!”
Sheinbaum responde con risas a las exigencias de “romper el pacto criminal” y culpa a Calderón
CDMX.- En su conferencia matutina de este 20 de mayo de 2026, la presidenta Claudia Sheinbaum no se guardó nada. Entre risas sarcásticas respondió a quienes le exigen “romper el pacto criminal” con el narco: “¿De veras? Nosotros lo rompimos en 2018 porque ese pacto se hizo en la época de Calderón”. Luego remató con su frase del día: “México no es piñata de nadie y desde el extranjero no se van a meter en las elecciones de 2027”. Atacó a Felipe Calderón, Enrique Peña Nieto y hasta a Loret de Mola, presumió que su gobierno y el de López Obrador construirán más kilómetros de tren que los dos sexenios anteriores juntos (2,377 km públicos frente a 65 de Calderón y 187 de Peña), y remató llamando “acomplejados” a quienes piensan distinto y asegurando que “llegó la dignidad a gobernar”.
Suena a discurso de campaña eterna. Pero la realidad no se ríe.
Sheinbaum repite el libreto de siempre: todo lo malo es culpa del pasado, el narco es herencia de Calderón y cualquier crítica es injerencia extranjera o complot de la oposición. Mientras tanto, México sigue sangrando. Los mismos que hoy presumen “haber roto el pacto” no han logrado bajar los homicidios a niveles pre-2018, los cárteles siguen controlando territorios enteros, extorsionando y desapareciendo gente, y las acusaciones de nexos políticos con el crimen organizado (incluyendo viajes de opositores a Washington para denunciarlos) no desaparecen con una carcajada presidencial.
La defensa de la “soberanía” también suena hueca. Nadie duda que México decide sus elecciones, pero cuando el gobierno federal usa el discurso anti-extranjero para tapar sus propios fracasos en seguridad y economía, el mensaje se vuelve cínico. ¿Soberanía es dejar que los cárteles impongan su ley en regiones enteras mientras se presume tren Maya y obras faraónicas financiadas con deuda récord?
Lo más preocupante es el tono. Sheinbaum pide unidad y al mismo tiempo divide: acomplejados los que discrepan, villanos los expresidentes, y “piñata” cualquier voz crítica del exterior. Es el mismo manual que usó López Obrador durante seis años: polarizar para distraer. Funcionó para ganar elecciones, pero no para gobernar un país donde la violencia no da tregua y la gente común sigue pagando el precio más alto.
Presumir trenes mientras las carreteras se caen a pedazos, los hospitales siguen sin medicinas y las familias huyen de la extorsión no es dignidad. Es negación. México merece mucho más que risas sarcásticas y culpas al pasado. Merece resultados. Hasta ahora, la “dignidad” que dice haber llegado solo ha traído más de lo mismo: discurso, distracción y una realidad que no se arregla con mañaneras.



