Campeche.- En Ciudad del Carmen, Campeche, la presidenta Claudia Sheinbaum enfrentó este 18 de octubre protestas de pacientes que denunciaron la falta de insumos y medicamentos —incluyendo tratamientos para diabetes y otros padecimientos— en el Hospital General del IMSS-Bienestar. Ante las quejas, respondió con la frase “Ya lo voy a atender yo”, un compromiso personal que llega en el marco de la entrega de obras de remodelación de esa unidad. Al mismo tiempo, justificó la ausencia del titular del IMSS, Zoé Robledo, quien se encontraba en la Ciudad de México en mesas de diálogo con la representación sindical, en un momento en el que el propio instituto enfrenta reclamos laborales y de abasto a nivel nacional.
El episodio no es aislado. Sheinbaum ha reconocido en semanas recientes fallas de distribución, burocracia y proveedores que impiden que los recursos lleguen a donde se necesitan, y ha anunciado giras y digitalización para corregirlas. Mientras tanto, el desabasto de medicamentos e insumos continúa documentándose en distintas entidades, con pacientes y trabajadores del sector reportando retrasos y carencias que afectan tratamientos continuos. En paralelo, en el Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía de la CDMX, personal halló un cacomixtle en los ductos de aire acondicionado de un área de recuperación; las autoridades confirmaron que el animal fue rescatado sin riesgo para pacientes o médicos, pero el hecho expone fallas básicas de control y mantenimiento en un instituto de alta especialidad.
La combinación resulta reveladora: promesas de intervención directa de la presidenta, ausencia del responsable institucional en un acto clave y un animal silvestre circulando por infraestructura hospitalaria. No se trata solo de anécdotas. Reflejan un sistema que sigue dependiendo de gestos personales y excusas operativas en lugar de soluciones estructurales verificables. Mientras los pacientes esperan medicamentos y el personal reclama condiciones, la narrativa oficial insiste en que “se está atendiendo”, aunque los indicadores de desabasto y las quejas cotidianas demuestran que el problema no se resuelve con compromisos verbales ni con la ausencia de quienes deberían responder por el funcionamiento diario.
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