Guanajuato.- La frase no salió de un tuit anónimo. Salió de Roberto Ramos Alor, coordinador estatal del IMSS-Bienestar en Veracruz, frente a residentes del Hospital de Alta Especialidad que le pedían insumos para operar. Ante la pregunta de qué decirles a pacientes que ya esperaban cirugía, el funcionario respondió que, si no querían operar por falta de herramientas, no operaran. También les recordó que su evaluación depende de la institución. El video circuló; el organismo se desmarcó y habló de “medidas correctivas”; Ramos Alor se disculpó y, días después, habló de “odio”, “envidia” y “montajes”.
Este viernes, desde Guanajuato, Claudia Sheinbaum no desmintió el video. Lo redujo a una “declaración desafortunada” y dejó la permanencia de Ramos Alor en manos de Alejandro Svarch. Su defensa del sistema fue otra: el IMSS-Bienestar funciona porque, según dijo, aumentaron las consultas respecto a los años en que no existía. Es un argumento contable. No responde si en quirófano hay suturas, anestésicos o antisépticos, ni qué ocurre con quien espera en una camilla mientras el funcionario presume que “a lo mejor está funcionando muy bien todo”.
El contraste es el problema, no el clip. Un coordinador amenaza con la calificación a médicos en formación que denuncian desabasto; la institución se lava las manos en un comunicado; el responsable se disculpa y luego acusa a las redes; la presidenta pide “evaluar” y celebra el modelo. Si el indicador de éxito es el número de consultas y no la capacidad real de operar, el mensaje a pacientes y médicos es el mismo que dejó grabado Ramos Alor: si las condiciones no alcanzan, que no operen. Eso no es un tropiezo de discurso. Es la política vista desde el quirófano.
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