Sheinbaum y el Gobierno morenista 4T defienden a los narcos, la percepción dominante entre millones de mexicanos
Cuando el FBI actúa y expone operaciones en territorio mexicano, la respuesta no es “gracias por capturar al capo”, sino “¿quién mintió?”
Análisis.— La captura de Ismael “El Mayo” Zambada ha vuelto a encender el debate. Lejos de celebrarse como un golpe al crimen organizado, la reacción de la presidenta Claudia Sheinbaum —exigiendo aclaraciones al FBI, cuestionando la “injerencia” y señalando inconsistencias de Estados Unidos— ha reforzado en amplios sectores de la población la idea de que el gobierno de la Cuarta Transformación (4T) prioriza la defensa de narcos por encima de la seguridad de los mexicanos. Esta no es una opinión marginal: es una percepción extendida, alimentada por hechos documentados, omisiones, defensas políticas y el hartazgo acumulado tras años de violencia.
Evidencia que alimenta la percepción
El caso más reciente y emblemático es el de Rubén Rocha Moya, gobernador de Sinaloa por Morena. El Departamento de Justicia de EE.UU. lo acusó formalmente de narcotráfico junto con otros funcionarios cercanos. En lugar de distancia, Sheinbaum y Morena han cerrado filas. Esto ocurre en el estado cuna del Cártel de Sinaloa, donde “El Mayo” operó durante décadas.
No es aislado. Durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, el “Culiacanazo” de 2019 se convirtió en símbolo: fuerzas federales detuvieron a Ovidio Guzmán y luego lo liberaron ante la presión del cártel para evitar una masacre mayor. El gobierno lo justificó como pragmatismo; la crítica lo leyó como capitulación. AMLO visitó repetidamente Badiraguato, cuna de los Guzmán, y hubo saludos públicos a familiares de capos. La estrategia “abrazos, no balazos” se interpretó como mensaje de no confrontación.
Otros casos acumulan: acusaciones contra Adán Augusto López y funcionarios en Tabasco por supuestos vínculos con grupos criminales; defensas a gobernadores en Michoacán, Tamaulipas y Baja California; el caso Cienfuegos (detenido en EE.UU. por narcotráfico y repatriado sin consecuencias mayores). Reportajes como los de ProPublica recogen testimonios de narcos que afirmaron financiar campañas de AMLO a cambio de tolerancia futura. Aunque no son pruebas judiciales definitivas en México, suman a la narrativa.
Sheinbaum ha respondido con listas de capos detenidos y extradiciones durante el sexenio anterior. Sin embargo, la percepción es que muchas de estas acciones son reactivas, selectivas o forzadas por presión estadounidense, mientras se protege a aliados políticos en plazas calientes.
El eco en redes: cuantificación de un sentimiento mayoritario en ciertos círculos
En plataformas como X (Twitter), la narrativa “Sheinbaum/4T protegen narcos” es viral y dominante entre cuentas opositoras y ciudadanos críticos. Búsquedas recientes con términos como “Sheinbaum protegiendo narcos” o “4T narcos” arrojan miles de interacciones diarias. Posts recientes acumulan cientos de likes, reposts y comentarios en minutos, con frases como “Sheinbaum enojada por el FBI porque protege a su socio El Mayo” o “Morena es el partido del narco”.
En hilos sobre Rocha Moya o el Mayo, es común ver ratios de engagement donde el 70-80% de comentarios visibles refuerzan la acusación de protección (basado en observación de tendencias Latest y Top). Cuentas de influencers opositores y medios como Latinus o Infobae amplifican esto, generando decenas de miles de reacciones. Lilly Téllez, por ejemplo, acusó directamente a Sheinbaum de “indecencia” por criticar la captura del Mayo, y el video circuló ampliamente.
Esta percepción no surge de la nada: refleja datos duros de violencia (homicidios que, pese a reportes oficiales de baja, siguen devastando regiones enteras), extorsiones cotidianas y la sensación de que cárteles controlan territorios bajo administraciones morenistas.
¿Defensa explícita o tolerancia estructural?
Críticamente, no existe una “lista oficial” de narcos defendidos, pero el patrón es claro: prioridad a la narrativa de soberanía por encima de resultados visibles contra capos protegidos políticamente. La 4T heredó y profundizó un problema histórico —la infiltración del narco en todos los partidos—, pero su apuesta por “atender causas” y limitar confrontación armada ha sido leída como debilidad deliberada. Cuando el FBI actúa y expone operaciones en territorio mexicano, la respuesta no es “gracias por capturar al capo”, sino “¿quién mintió?” y exigencias de explicaciones. Eso alimenta la idea de que el verdadero enemigo para Palacio Nacional no es el cártel, sino quien lo toca sin permiso.
La doble cara es evidente: Sheinbaum presenta iniciativas contra “narco-candidatos” mientras defiende a gobernadores señalados. Millones de mexicanos, especialmente en zonas golpeadas por la violencia, ven esto como hipocresía. La polarización ayuda: el gobierno lo descalifica como “guerra sucia” de la ultraderecha o intervencionismo yanqui. Pero cuando la percepción está tan arraigada —reflejada en encuestas de aprobación en seguridad consistentemente bajas y en el enojo viral—, ignorarla es riesgoso.
Una percepción que duele porque resuena
“Sheinbaum y la 4T defienden a los narcos” no es solo un meme opositor: es la síntesis de una frustración nacional profunda. Sustenta en casos como Rocha, el Culiacanazo, defensas políticas y reacciones tibias ante golpes externos. Mientras el gobierno presume detenciones, la calle y las redes ven impunidad para los de arriba y sufrimiento para los de abajo.
Sin un giro radical hacia transparencia, extradiciones agresivas y ruptura clara con cualquier sospechoso de nexos, esta percepción no solo persistirá: se consolidará como legado de la 4T. Los mexicanos no quieren abrazos para los capos; quieren resultados. Y hasta ahora, la balanza se inclina hacia la duda. El Mayo no es el primero ni será el último en poner a prueba esa percepción. México merece más que excusas de soberanía ante cárteles que gobiernan de facto en muchas regiones.





