Análisis.— El “supuesto alto índice de aprobación” del que presume Claudia Sheinbaum no se vio por ningún lado este fin de semana. La presidenta salió a presumir hasta el hastío su Segundo Informe de Gobierno en una gira que, con el pretexto de “Honestidad y Resultados”, es una abierta campaña anticipada de Morena rumbo a 2027, cuando se juegan 17 gubernaturas. Y en cada plaza, el ánimo real de la gente la desmintió.
No fue una gira de rendición de cuentas. Fue una gira de vallas, candados, acarreo y choques.
En Chiapas, el 11 de septiembre, tuvo que dar la mañanera blindada en la VII Región Militar en Tuxtla Gutiérrez. Horas antes, en Cintalapa -donde también tenía agenda- se reportó un enfrentamiento armado entre el Cártel de Sinaloa y el Cártel de Chiapas y Guatemala. La violencia que dice que baja, la recibió. Calles cerradas desde las 5 de la mañana para un estadio Víctor Manuel Reyna semivacío sin acarreados.
En Oaxaca, el mismo 11 de septiembre, la farsa se cayó a golpes. La Sección 22 de la CNTE derribó vallas metálicas, lanzó piedras y se enfrentó a golpes con simpatizantes de Morena y presuntos grupos de choque del gobernador Salomón Jara en el Auditorio Guelaguetza. No fue un incidente menor: fue campal. Maestros denunciando demandas históricas sin respuesta mientras adentro se leía un informe de logros.
Y el domingo 13 de septiembre en Hidalgo, el portazo final. En el Domo de las Estrellas de Pachuca, en su visita número 15 al estado, al menos 30 normalistas de El Mexe “Luis Villarreal” derribaron las vallas y burlaron la seguridad hasta llegar a la zona de prensa.
Exigen lo básico: “tierras al 100 por ciento, comedor que funcione, aulas con espacios dignos”. Lo que ella llama “transformación” ellos lo describen como “el casco histórico está hecho trizas, se está cayendo a pedazos”.
Antes, los accesos fueron cerrados con candados para que nadie entrara ni saliera, provocando el enojo hasta de sus propios seguidores.
El patrón es idéntico en el sur: discurso repetido de mentiras y exageraciones sobre seguridad, salud y educación, mientras afuera la gente reclama desabasto, tierras, escuelas en ruinas y violencia.
Y esto que pasó el fin de semana ya se veía venir días antes.
En Morelos, el 3 de Septiembre, alcaldes y secretarios cumplieron cuotas de acarreo para poder llenar el evento. Adentro aplausos; afuera, familiares de desaparecidos y víctimas de feminicidio con carteles que ella prometió atender “al final”.
En Colima, el 5 de Septiembre, el montaje se rompió. Gritos de “¡Fuera!” interrumpieron su discurso una y otra vez en la Unidad Deportiva Morelos. La respuesta presidencial no fue escuchar, fue etiquetar: los llamó “infiltrados del PRIAN” y “prianistas irrespetuosos”. Pescadores de Cuyutlán también le reventaron el acto contra la ampliación portuaria.
Si la popularidad fuera tan alta como dice Claudia Sheinbaum, no necesitaría vallas metálicas de tres filas, candados en las puertas, acarreo de burócratas y acusar a cada inconforme de “PRIAN”.
El ánimo en territorio no es de fiesta. Es de reclamo, de portazo y de enfrentamiento.





