Steve Fisher, el periodista que desveló la cancelación de visas de los gobernadores Durazo y Villarreal: "sigo firme en lo que he escrito"
En contraste directo con la investigación de Fisher, la reacción de los gobernadores ilustra la clásica estrategia política del descrédito mediático y la apelación a la moralidad.
Análisis.— El caso de las visas revocadas a los gobernadores Alfonso Durazo de Sonora y Américo Villarreal de Tamaulipas expone una contradicción grave entre las versiones oficiales y el periodismo de investigación. El reportero Steve Fisher, autor del reportaje publicado en el Los Angeles Times, ha mantenido una posición inamovible: las visas de ambos mandatarios fueron efectivamente canceladas por presuntos vínculos con el crimen organizado.
Fisher lo afirmó de manera directa y sin rodeos en entrevista radiofónica difundida la noche del miércoles: “No cambiaré ninguna letra de mi nota hasta este momento. Yo estoy firme en lo que me comentaron mis fuentes de primer nivel y justo están obviamente los gobernadores en su total derecho de responder como ellos vean necesario”. Fisher concluye de manera contundente sobre su labor: “yo sigo firme en lo que he escrito y hasta ahí. O sea, yo soy periodista y hay en mi trabajo está basado mi rigor lo que hago, pretendo hacer todos los días un trabajo muy riguroso”. Asimismo, sobre el estatus de los documentos, reiteró: “sus visas están canceladas. Eso es lo que he estado diciendo, es lo que dije en mi nota y sigo firme en eso. Hay investigaciones en contra de ellos por vínculos presuntos, presuntos vínculos con el crimen organizado”.
La negación como estrategia política
En contraste directo con la investigación de Fisher, la reacción de los gobernadores ilustra la clásica estrategia política del descrédito mediático y la apelación a la moralidad.
Alfonso Durazo, de Sonora, optó por una defensa basada en la ironía y la supuesta intachable trayectoria personal, declarando literalmente: “Yo estoy tan puro y tan limpio que hasta sudo agua bendita”. Desestimó la publicación al asegurar: “Lo que me pone a salvo es toda una vida, no es la declaración de no vinculación con ningún truco a lo a qué lo atribuyo. Creo que el mundo está un poco atas arriba. Hemos escuchado aquí en Sonora lecciones de moral de grandes pillos. Así están las cosas. Ahora es una nota más y fuentes, como muchas otras que lamentablemente luego eh circulan sin eh absolutamente ningún sustento”.
Por su parte, Américo Villarreal, de Tamaulipas, adoptó un tono de indignación formal, exigiendo pruebas físicas al trabajo periodístico y cuestionando su rigor. En sus propias palabras, el gobernador expresó: “Niego de manera categórica y absoluta las aseveraciones que dicho medio pretende presentar como hechos. Se trata de señalamientos falsos, tendenciosos y carentes de cualquier evidencia que lo respalde. Resulta inadmisible que acusaciones del tal gravedad sean publicadas y difundidas sin exhibir una sola prueba verificable que la sustente. La responsabilidad periodística exige rigor, sustento y respeto por los hechos, no la construcción de narrativas basadas en especulaciones, presunciones o versiones anónimas”.
El problema central es claro: alguien está mintiendo. O Steve Fisher publica información falsa sin respaldo —lo cual es poco creíble dada su trayectoria y el hecho de que fuentes del Departamento de Estado confirmaron posteriormente la revocación—, o dos gobernadores de Morena están negando una realidad diplomática verificable. Fisher insiste en que ambos entran a Estados Unidos mediante un permiso especial (parole) con protocolos estrictos, y en algunos casos con escolta de autoridades estadounidenses.
El lente geopolítico de la Presidencia
A este fuego cruzado se suma la intervención de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, quien dimensiona el conflicto en el terreno de las relaciones internacionales y las presiones geopolíticas. La presidenta intenta minimizar el peso del medio publicante, pero al mismo tiempo lanza una crítica aguda hacia las prácticas de las agencias estadounidenses, a quienes acusa de usar filtraciones mediáticas como tácticas de intimidación.
La presidenta Claudia Sheinbaum optó por una postura ambigua. Reconoció: “Salió una nota en Los Ángeles no de dos gobernadores. Entiendo que pues ellos tienen que aclarar, pero antier, ayer lo dije, o sea, qué intención con quitar la visa y además hacerlo público. O sea, vamos a filtrar porque así luego se actúa por algunos sectores para ver que para decirle a los mexicanos, ‘Aguas, aguas, te van a quitar la vista.’ O sea, hay que estar tranquilos”. Al mismo tiempo, Sheinbaum subraya que, aunque buscan mantener una buena relación y el tratado comercial con Estados Unidos, su gobierno no adoptará una postura sumisa: “¿Qué queremos nosotros? ¿Conflicto con Estados Unidos? No, claro que no... no es que nosotros queramos generar un problema, no, pero no podemos nosotros cerrar los ojos y decir, ‘Bueno, no pasa nada.’ No”.
Fisher contextualiza el hecho como parte de un giro histórico en la política estadounidense: “Es inédito en la historia de administraciones de Estados Unidos pasadas. Esta administración actual ha decidido armar una campaña directamente contra funcionarios de México investigando sus presuntos o posibles vinculaciones con grupos del crimen organizado”. Según él, gobiernos anteriores evitaban estas acciones públicas para no dañar la relación bilateral.
Las fuentes consultadas por Fisher y por el semanario Z de Tijuana coinciden en que las visas están revocadas, aunque los gobernadores aún conservan físicamente los documentos porque no han intentado ingresar a territorio estadounidense. Las investigaciones apuntan a presuntos vínculos narconexos en el caso de Durazo y a huachicol en el de Villarreal.
Este episodio revela varias verdades incómodas. Primero, la penetración del crimen organizado en niveles altos de gobierno ya no es un asunto que Washington esté dispuesto a ignorar por diplomacia. Segundo, la respuesta automática de los señalados —negación categórica, victimismo y ataque al mensajero— erosiona la credibilidad del gobierno federal y de Morena. Tercero, la estrategia de “zanahoria y palo” de Estados Unidos es evidente: elogios del secretario de Seguridad Interna Markwayne Mullin a la cooperación de Sheinbaum (“Ha sido mucho más cooperativo que la administración pasada”) acompañados de golpes duros como la revocación de visas.
Mantener que se “suda agua bendita” mientras fuentes de primer nivel en el Departamento de Estado confirman la cancelación de visas no es una defensa convincente. Es un problema de credibilidad institucional. En un país donde el crimen organizado ejerce poder real, las explicaciones deben ser más sólidas que frases efectistas o acusaciones de conspiración imperial.
Steve Fisher no ha rectificado ni una coma. Eso, por sí solo, obliga a tomar en serio su reportaje. La pelota está en la cancha de Durazo, Villarreal y el gobierno federal: o presentan evidencia contundente que desmienta al periodista, o México enfrenta una nueva etapa de escrutinio incómodo desde Washington. Negar la realidad no la hace desaparecer.




