T-MEC en la cuerda floja: el gobierno de Sheinbaum paga con incertidumbre el precio de proteger a sus narcos
Sheinbaum paga caro su abrazo al narco: EE.UU. rechaza renovar el T-MEC por 16 años y activa revisiones anuales
CDMX.- Estados Unidos se negó este 1 de julio a renovar el T-MEC por otros 16 años. El representante comercial Jamieson Greer lo dijo claro: el acuerdo no se renueva en su forma actual porque existen “problemas sustanciales” y déficits comerciales que Washington quiere corregir. El tratado sigue vigente hasta 2036, pero con revisiones anuales en lugar de una prórroga estable. Es decir, México queda sujeto a chantaje permanente: cada año, amenaza de aranceles, cambios en reglas de origen o salidas unilaterales.
La presidenta Sheinbaum y Marcelo Ebrard intentaron venderlo como un proceso normal. Morena salió a “cerrar filas” y a gritar que no hay riesgo. Es puro relato. La realidad es que el principal socio comercial de México —el que se lleva más del 80% de nuestras exportaciones— decidió no dar certidumbre de largo plazo. Y lo hizo justo cuando la 4T presumía del nearshoring.
El trasfondo no es misterio. La administración Trump señala falta de cumplimiento en temas laborales, energía y, sobre todo, el control del narcotráfico. La oposición —Ricardo Anaya y Clemente Castañeda entre otros— lo liga directamente a la protección de narco-políticos como Rubén Rocha Moya. No es retórica vacía: mientras el gobierno se niega a extraditar o investigar con seriedad a quienes Estados Unidos acusa de vínculos con el crimen organizado, pierde toda credibilidad para negociar.
A eso súmale la reforma judicial que destruyó la independencia de los tribunales y la certeza jurídica que exigían las empresas. Añade la nacionalización energética que ahuyentó inversión y la cercanía ideológica con China y otros actores que Washington ve como amenaza. El resultado es previsible: México ya no es socio confiable de largo plazo.
La consecuencia es concreta. Inversionistas que venían por nearshoring ahora tienen que calcular cada año si el tratado sigue o se modifica a capricho de Washington. Las cadenas de suministro de autos, acero y agroindustria —las que más empleo generan— operan con espada de Damocles. La incertidumbre no es “narrativa de la oposición”; es el precio de anteponer la lealtad al crimen y la ideología sobre los intereses nacionales.
Sheinbaum puede seguir diciendo que todo está bajo control. Los datos dicen lo contrario: el T-MEC ya no es el escudo que fue. Y el culpable tiene nombre y apellido en Palacio Nacional.





