CDMX.- La Cámara de Diputados recibió este lunes la renuncia de Guadalupe Taddei Zavala a la presidencia del INE, efectiva de inmediato. En la carta dirigida a Raúl Bolaños Cacho Cué, la funcionaria que llegó al cargo en abril de 2023 habla de 33 años de servicio electoral, de “serenidad” y de la “satisfacción del deber cumplido”. No menciona ni una línea sobre los señalamientos de conflictos de interés, contratos millonarios a proveedores vinculados a su entorno o las revelaciones que la rodearon en los últimos días, incluyendo reportes sobre empresas ligadas a José Alfredo Hernández Casillas y apariciones de su hijo junto a él.
La renuncia llega después de que Taddei asegurara el sábado que se quedaba y de que la Auditoría Superior de la Federación abriera una investigación de oficio por posibles irregularidades en contrataciones, colusión y triangulación de recursos en el INE y organismos locales. Claudia Sheinbaum respaldó la salida, pero dejó claro que las pesquisas no se cierran. Cambiar de cara no limpia los contratos bajo sospecha ni responde a las denuncias periodísticas que destaparon el tema; simplemente aleja a la titular del foco mientras el proceso de relevo —con presidencia provisional y convocatoria que puede durar semanas— arranca en la Jucopo.
Salir con el discurso del deber cumplido, cuando el árbitro electoral enfrenta escrutinio por el manejo de recursos públicos en plena organización de procesos futuros, es el tipo de maniobra que deja al INE más vulnerable que antes. La investigación de la ASF debe seguir su curso sin atajos ni indultos institucionales; de lo contrario, la dimisión solo sirve para bajar la presión política y dejar la misma sombra sobre quien llegue a sustituirla.





