¡Tarjeta roja al fútbol mexicano! Gobierno multa con 42.8 mdp a la FMF por violar datos personales con el FAN ID
Secretaría Anticorrupción multa a la FMF con 42.8 millones por violaciones en el FAN ID
CDMX.- La Secretaría Anticorrupción y Buen Gobierno impuso este domingo una multa de 42 millones 849 mil 95 pesos a la Federación Mexicana de Futbol por irregularidades en el tratamiento de datos personales a través del sistema FAN ID. Según el comunicado oficial, la FMF recababa fotografías y datos biométricos de aficionados sin informar claramente que se trataba de información sensible ni obtener consentimiento expreso y por escrito, limitándose a una casilla de verificación en un sitio web. El FAN ID, implementado para reforzar la seguridad en estadios de Liga MX, exige registro con datos personales, selfie y identificación oficial, y ya había sido objeto de revisiones previas por el extinto INAI por deficiencias similares en transparencia y medidas de seguridad.
Esta sanción llega en un contexto de creciente control gubernamental sobre datos ciudadanos —desde la expansión del CURP hasta plataformas digitales centralizadas— mientras se desmantelaban órganos autónomos como el INAI, que ya había sancionado a la FMF en años anteriores por el mismo sistema. La Federación enfrenta ahora un golpe económico significativo en medio de sus operaciones y compromisos deportivos de alto nivel. Críticos en redes señalan la hipocresía: el mismo gobierno que multa por “consentimiento insuficiente” exige datos masivos a la población sin los mismos estándares estrictos, y pasa por alto filtraciones masivas en empresas como Telcel o fallas en sistemas públicos.
Más que una defensa genuina de la privacidad, esta multa huele a selectividad oportunista: se persigue con rigor a una entidad privada con recursos mientras se relativizan abusos mayores en el sector público y se avanza en la recolección estatal de información sin controles equivalentes. La protección de datos es necesaria, pero aplicada así solo erosiona credibilidad y parece más un mecanismo de presión que una política coherente.




