CDMX.- En la mañanera del 6 de noviembre, Claudia Sheinbaum respondió al anuncio de demanda por daño moral y difamación del partido Somos con la frase “tengo pruebas de todo lo que digo” y aseguró que “sólo dijimos los hechos”. Lo que en realidad hizo, junto con Raquel Buenrostro, fue vincular públicamente a militantes de Somos —en particular a Juan Carlos Padilla— con la red de empresas de los hermanos Hernández Casillas, que según la propia Secretaría de Anticorrupción obtuvieron contratos por alrededor de 2,740 millones de pesos en organismos electorales entre 2015 y 2025. Las “pruebas” a las que alude, sin embargo, nunca se presentaron de forma concreta ni documentada en esa conferencia; se remitió a material “ya expuesto públicamente”, una fórmula que suena a respaldo y en la práctica funciona como evasión.
Somos, partido surgido de la Marea Rosa y con dirigentes como Guadalupe Acosta Naranjo y exfuncionarios del INE (entre ellos Edmundo Jacobo), calificó los señalamientos de trama inventada y de intento por encontrar “chivos expiatorios” para desviar la atención de la crisis institucional que atribuyen a la gestión de Guadalupe Taddei. Anunciaron que demandarán la próxima semana. El contraste es elocuente: mientras la presidenta insiste en que “sólo dijo hechos”, el partido opositor sostiene que se usó el púlpito presidencial para atacar a una fuerza política con una historia que se remonta a administraciones anteriores, sin que hasta ahora se haya exhibido el expediente que supuestamente lo prueba.
La maniobra revela un patrón ya conocido: convertir la conferencia matutina en tribunal político donde se lanzan acusaciones graves y se responde a las consecuencias legales con una declaración de confianza en pruebas que el público no ha podido examinar de forma independiente. Si las pruebas existen y son contundentes, mostrarlas de forma clara y verificable sería la respuesta más sólida. Optar por el “tengo pruebas” sin presentarlas de inmediato alimenta la sospecha de que el objetivo principal no es el saneamiento del INE, sino el desgaste político de un adversario.



