Teotihuacán al desnudo: el ‘hecho inédito’ que desnuda la podredumbre de un país en llamas
Teotihuacán: el “hecho inédito” que desnuda la fragilidad de la seguridad mexicana
CDMX.- El lunes, un hombre armado irrumpió en la zona arqueológica de Teotihuacán, mató a un turista canadiense, hirió a varios más y luego se suicidó. Lo que debería haber sido un sitio de orgullo nacional se convirtió en escenario de horror ante las cámaras del mundo.
Claudia Sheinbaum lo calificó de “inédito” y “lamentable”. Dijo que el agresor, Julio César Jasso Ramírez, mostraba “rasgos de problemas psicológicos” e influencias de “episodios ocurridos en el exterior”, descartando de entrada cualquier vínculo con la delincuencia organizada. Omar García Harfuch, secretario de Seguridad, celebró la “actuación oportuna” de la Guardia Nacional y aseguró que la seguridad para el Mundial 2026 “está garantizada”. Sheinbaum prometió protocolos nuevos, arcos de detección (que antes no había) y hasta letreros que prohíban armas. Todo después del hecho.
Esto no es un hecho aislado ni “inédito”. Es la consecuencia lógica de años de negación, recortes y discursos tóxicos. México vive una crisis de seguridad estructural: decenas de miles de homicidios anuales acumulados, feminicidios que siguen rondando cifras alarmantes (más de 5 mil en el sexenio de AMLO, y cerca de mil en lo que va de Sheinbaum según reportes oficiales y de organizaciones), desapariciones masivas y un narco que controla territorios enteros. Las estadísticas oficiales del gobierno presumen reducciones en homicidios dolosos (hasta 44% en algunos periodos comparativos), pero la percepción ciudadana y los casos visibles contradicen la narrativa de “pacificación”.
El gobierno insiste en “atender las causas” mientras reacciona tarde. En Teotihuacán no había arcos de seguridad ni controles efectivos; ahora, tras la sangre, prometen ponerlos. Clásico: niño ahogado, pozo tapado. Lo mismo ocurrió con el metro, el aeropuerto, las refinerías y tantas tragedias que se minimizaron hasta que explotaron en los titulares internacionales.
Peor aún: el agresor gritaba consignas xenófobas contra españoles y extranjeros, eco directo del discurso oficial de odio que durante años ha señalado a “los de afuera”, a la “derecha”, a España y a cualquiera que no comulgue con la 4T. Ese resentimiento cultivado desde las mañaneras ahora cobra víctimas concretas. Negarlo es cínico.
A eso súmale la decisión de AMLO en 2022 de extinguir hospitales psiquiátricos, argumentando que los pacientes “estarían mejor con sus familias”. Hoy vemos a personas con trastornos graves sin tratamiento ni contención, vagando o, en el peor caso, actuando con violencia. El desabasto de medicamentos controlados agrava el problema. No es coincidencia: un país que abandona la salud mental y la seguridad preventiva termina con sociópatas sueltos y turistas en la mira.
Sheinbaum y Harfuch hablan de protocolos y coordinación para el Mundial como si bastara con decirlo. La realidad es brutal: un solo loco con arma en un sitio turístico expone la fragilidad del sistema. Si no pueden proteger Teotihuacán, ¿qué credibilidad tienen para garantizar la seguridad de miles de visitantes extranjeros en 2026?
Esto no es mala suerte. Es el resultado de una estrategia fallida que prioriza narrativa sobre prevención, recortes sobre inversión real en inteligencia y seguridad, y polarización sobre unidad. México merece mucho más que disculpas reactivas y letreros inútiles. Exige cuentas, no excusas. El “hecho inédito” de Teotihuacán solo prueba lo que muchos ya sabíamos: el país está herido de muerte por la incompetencia y la ideología que lo gobierna. Y mientras sigan negándolo, las tragedias seguirán dejando cuerpos en las pirámides, en las calles y en las estadísticas que luego maquillan.



