Guerrero.- La diputada priista María del Pilar Vadillo Ruiz no midió palabras en el Congreso de Guerrero: Andrés Manuel López Obrador, dijo, “tiene un hijo pendejo y ambicioso”. El blanco era Andrés Manuel López Beltrán, “Andy”, y el motivo inmediato, el rechazo a la idea del presidente de la Jucopo, Joaquín “Jacko” Badillo Escamilla, de entregar este año la Presea Sentimientos de la Nación al expresidente. Lo que se vende como honor histórico —el documento de Morelos en Chilpancingo— termina otra vez como moneda de cambio político: un premio para el líder nacional en un estado que sigue marcado por violencia, abandono y clientelismo.
El insulto es soez y calculado. Vadillo ya había usado ese tono contra la bancada oficialista; ahora lo apunta al hijo que pasó de secretario de Organización de Morena a candidato a diputado federal por Tabasco, después de años de reportajes sobre viajes, negocios y tráfico de influencias que contrastan con la cartilla moral del padre. No hace falta repetir chismes: basta con ver que el propio movimiento trata a Andy como pieza incómoda y, al mismo tiempo, como activo electoral a proteger.
La escena es patética por los dos lados. Morena quiere barnizar con bronce a quien ya gobernó seis años; el PRI, sin proyecto que convenza, apuesta al improperio para ocupar titulares. Guerrero no gana ni presea ni decencia: gana otra pelea de patio mientras la distinción que evoca a Morelos se arrastra por el lodo de la sucesión, el fuero y la adulación.
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