Washington, Estados Unidos.— El presidente chino Xi Jinping aterrizó el miércoles en la Base Conjunta Andrews, en Maryland, para iniciar una visita de Estado de tres días a Washington. Donald Trump y Melania Trump lo esperaron en la pista junto a Peng Liyuan, un gesto poco habitual en el protocolo estadounidense para líderes extranjeros.
Una alfombra roja de unos 30 metros se extendió desde el avión. Hubo guardia de honor, banderas de ambos países, himnos nacionales y el sobrevuelo de dos bombarderos B-1. Dos niños estadounidenses entregaron ramos de flores. Tras el acto, las parejas se dirigieron a sus respectivos destinos: Xi hacia Washington y Trump de regreso a la Casa Blanca.
El recibimiento personal en la pista rompe con la costumbre de esperar a los mandatarios en la Casa Blanca. En décadas recientes, este tipo de bienvenida en Andrews ha sido excepcional, con antecedentes lejanos como el de John F. Kennedy al primer ministro británico Harold Macmillan en 1962, o recibimientos a pontífices. La Casa Blanca lo presentó como reciprocidad por los honores que Trump recibió en Pekín en mayo, aunque entonces Xi no acudió al aeropuerto.
Este jueves está prevista la ceremonia formal en los jardines de la Casa Blanca, con cientos de militares, himnos y otro sobrevuelo. Luego habrá reunión bilateral —primero a solas y después con delegaciones— y una cena de Estado a la que se espera que asistan ejecutivos de empresas tecnológicas como Apple, Google, OpenAI, Nvidia y Microsoft. La agenda incluye también un encuentro privado y una visita a los Archivos Nacionales.
En el fondo de las imágenes protocolarias están las negociaciones. Ambos gobiernos buscan gestionar diferencias sobre comercio —incluida la tregua arancelaria, que fuentes estadounidenses indicaron que se prorrogaría más allá de noviembre—, inteligencia artificial, minerales críticos, Taiwán y otros asuntos geopolíticos. La visita combina gestos de acercamiento con una agenda de tensión estratégica entre las dos mayores economías.
Xi Jinping no realizaba una visita de Estado a Washington desde hace más de una década. El arranque en Andrews, con Trump al pie del avión, marca el tono de un encuentro en el que los honores diplomáticos acompañan conversaciones de alto riesgo.



