Washington.- En su determinación anual al Congreso, Donald Trump reconoció decomisos, laboratorios desmantelados y más tropas en la frontera bajo Claudia Sheinbaum, e incluso atribuyó a la cooperación bilateral la caída de capos, entre ellos Nemesio “El Mencho” Oseguera. El elogio dura un párrafo. En el siguiente, Washington deja a México en la lista de principales países de tránsito o producción de drogas para el año fiscal 2027 y exige más inspecciones en aduanas, más dinero para las fuerzas de seguridad y, sobre todo, exponer, detener y procesar a funcionarios que, según el documento, han cubierto a los cárteles. El mensaje no es técnico: es un ultimátum envuelto en diplomacia.
El contraste con Venezuela es el núcleo político del texto. El país sigue en esa misma lista de 23 naciones, pero Trump lo sacó —por primera vez en más de dos décadas— de la categoría de gobiernos que “fracasaron de forma demostrable” en sus compromisos antidrogas. Lo justifica con la detención y remoción de Nicolás Maduro, la cooperación con el gobierno interino de Delcy Rodríguez y la eliminación de Héctor Rusthenford Guerrero Flores, “Niño Guerrero”, del Tren de Aragua. No es un veredicto epidemiológico sobre rutas o toneladas: es un premio geopolítico a un cambio de régimen alineado con Washington.
Ahí está la dureza del documento. A México se le reconoce el golpe y se le recuerda que los cárteles, a ojos de la Casa Blanca, siguen dominando territorio y que la inversión en seguridad “es insuficiente”. A Venezuela se le baja de la lista negra del incumplimiento apenas el poder cambió de manos. Quien lea el informe como un boletín de decomisos se equivoca: es un instrumento de presión. Sheinbaum recibe palmada y factura; Rodríguez, condonación condicional. El criterio no es simétrico. Y eso, más que cualquier cifra, es lo que el texto oficial deja en la mesa.








