CDMX.- En la sesión del 4 de noviembre de 2026, mientras se discutía un dictamen sobre el Día Nacional del Municipio Libre, la senadora panista Lilly Téllez usó su turno para exhibir lo que calificó como compras a sobreprecio de la canasta básica durante la gestión de Ariadna Montiel al frente de la Secretaría del Bienestar. Señaló 13 contratos por alrededor de 190 millones de pesos a Grupo Maferefun —empresa cuyo domicilio fiscal, según investigaciones, corresponde a un local de piñas y sandías en la Central de Abastos— y puso ejemplos concretos: cereal que en el mercado ronda los 62 pesos y se pagó a 115; galletas Marías de 101 a cerca de 160; y té de manzanilla de 70 a 190 pesos. “¿Quién se queda con la diferencia?”, preguntó antes de exigir la comparecencia de la actual dirigente nacional de Morena. Las senadoras oficialistas respondieron ocupando la tribuna y rodeando a Mariela Gutiérrez para impedir que Téllez continuara, en un episodio que dejó claro el método: si no se puede rebatir con datos, se bloquea el micrófono.
El episodio no surge de la nada. Semanas antes, Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad documentó que la misma empresa recibió al menos 21 contratos por más de 300 millones de pesos de Bienestar entre 2021 y 2026 (13 de ellos, por 190.5 millones, durante el periodo de Montiel) y que después también facturó a Morena. La Auditoría Superior de la Federación ya había dejado observaciones previas sobre recursos no justificados en la dependencia. Morena niega irregularidades y sostiene que los contratos son legales y a precio de mercado, pero en lugar de presentar las facturas, los precios unitarios o el expediente completo en el pleno, optó por el cerco físico a la tribuna. La diferencia entre una explicación técnica y una turba parlamentaria no es menor: la primera permite el escrutinio; la segunda solo confirma que hay algo que no quieren que se diga en voz alta.
Lo que se vio en el Senado es el patrón de siempre de la 4T cuando se toca el dinero de los programas sociales: se grita “austeridad” en las mañaneras y se cierra el debate cuando alguien pregunta por los sobreprecios, las empresas fachada o los millones que no cuadran. Si Montiel no tiene nada que ocultar, la comparecencia es la vía más rápida para desmentir a Téllez. Si prefiere que sus senadoras bloqueen la tribuna, el mensaje es otro: el erario se defiende con cuerpos, no con cuentas.
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