Un pato es más popular y querido que Sheinbaum... y la presidenta no lo soporta: “¡Tráiganme el pato a la mañanera!”
Merlín encarna todo lo que la política mexicana actual parece haber perdido: espontaneidad, ternura absurda y orgullo nacional sin discurso.
CDMX.— México ha logrado lo impensable: un pato de dos años, vestido con la camiseta de la Selección y paseando por el Centro Histórico, eclipsa a la Presidenta Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos. Merlín, el pato futbolero adoptado por Carla y su hijo, no solo ha conquistado TikTok, Instagram y las plazas del Mundial 2026, ha obligado a Claudia Sheinbaum a salir a declararlo “símbolo de nuestra cultura” y a invitarlo formalmente a la Mañanera. Cuando el poder se tiene que colgar de un ave de corral para recuperar reflectores, algo huele a estofado de pato... o a crisis de popularidad. Claudia Sheinbaum no soporta ser menos popular y querida que un pato.
La evidencia es irrefutable y patéticamente divertida. Mientras Sheinbaum mantiene una aprobación que oscila entre el 68% y 70% según encuestas como Enkoll (cifras respetables, pero ya lejos del 80% de los primeros meses), Merlín no necesita encuestas: genera videos virales por cientos de miles de vistas, memes a granel y hasta sátiras donde “gana en las encuestas” contra la mandataria. La presidenta, en lugar de ignorar el fenómeno o dejar que fluya como un acto espontáneo de mexicanidad, se adelanta a invitarlo a Palacio Nacional. ¿Estrategia de cercanía con el pueblo? ¿O confesión velada de que un pato con jersey genera más cariño genuino que una mañanera completa?
El pato Merlín ha trascendido las fronteras mexicanas y se ha convertido en una sensación global que supera con creces el alcance mediático reciente de la presidenta Claudia Sheinbaum en el contexto del Mundial 2026. Medios internacionales de primer nivel como The New York Times (con videos y artículos dedicados), Associated Press (AP News, que lo describe como la “primera mascota viral no oficial” del torneo), The Washington Post (que tituló que “un pato robó el show” pese a los goles de la Selección), BBC, Daily Mail y WION, entre otros, han publicado reportajes, videos y coberturas detalladas sobre su historia, alcanzando millones de vistas y compartidos en redes. Mientras Sheinbaum genera menciones principalmente en portales latinoamericanos y políticos por su invitación al pato o sus mensajes sobre el Tri, Merlín acapara titulares ligeros, virales y positivos en agencias serias de Estados Unidos, Europa y Asia, proyectando una imagen fresca y espontánea de México que la mandataria, enfocada en narrativa institucional, simplemente no está logrando replicar con la misma intensidad global en estos días.
Aquí radica el sarcasmo brutal de la situación. Sheinbaum representa el pináculo del proyecto de la 4T: científica, primera mujer presidenta, heredera de López Obrador, con mayorías legislativas y programas sociales expansivos. Debería ser intocable en popularidad. Y sin embargo, ante un pato que le da una patada al ajolote oficial y se convierte en mascota no oficial del Tri, la respuesta institucional es: “Tráiganmelo a la mañanera”. Es como si el PRI de los 70s hubiera invitado a un mariachi para tapar un escándalo. Solo que ahora el mariachi es un pato y el escándalo es la percepción de que el gobierno está más preocupado por ratings virales que por los temas que realmente importan (violencia, economía, desaparecidos).
Merlín encarna todo lo que la política mexicana actual parece haber perdido: espontaneidad, ternura absurda y orgullo nacional sin discurso. No promete, no reforma, no da conferencias. Simplemente camina con su jersey, le da patadas simbólicas a rivales y une a la gente en una carcajada colectiva. Sheinbaum, en cambio, debe cargar con el peso de la herencia, las crisis de seguridad y la fatiga natural del poder. Que ella misma se vea obligada a subirse al tren del pato no es un acto de humildad folklorica; es un síntoma. Cuando la líder más poderosa del país tiene que buscar validación en un ave doméstica, la narrativa de “popularidad incontestable” se desinfla más rápido que un globo en el Ángel de la Independencia.
Críticamente, esto revela la fragilidad de la popularidad moderna. Las cifras de aprobación son importantes, pero en la era de los algoritmos, lo que realmente mueve masas es el meme, lo viral, lo inesperado. Sheinbaum puede tener 70% de aprobación y tres millones de seguidores en Instagram, pero Merlín genera conversación orgánica, cariño puro y cero desconfianza. Nadie acusa al pato de corrupción, de autoritarismo ni de prometer y no cumplir. Es el político perfecto: inofensivo, fotogénico y temporal.
¿Es esto el fondo del pozo de la política mexicana o su máxima expresión creativa? Probablemente ambas. Mientras el país lidia con problemas estructurales, celebramos que un pato nos represente mejor que muchas instituciones. Sheinbaum hizo bien en reconocerlo: al menos muestra que entiende el momento. Pero invitar a Merlín a la Mañanera no resuelve nada; solo confirma la premisa: hoy, en México, un pato es más popular que la Presidenta.
Y lo más mexicano posible es que todos lo celebremos con una sonrisa... mientras el pato sigue caminando hacia la inmortalidad viral. Quack. 🇲🇽🦆







