CDMX.- El gobernador de Tamaulipas, Américo Villarreal, salió a responder la presión por las visas que Estados Unidos ha retirado a políticos mexicanos y eligió el camino más cómodo: convertir la sospecha en medalla. Dijo que “va a ser, en un momento dado, meritorio que no tengas visa”, aseguró que él sí conserva la suya —la misma que ya exhibió en junio— y rechazó de plano convertirse en testigo protegido: “De ninguna manera, no tengo más que ajustarme a las leyes mexicanas”. Lo hizo a la salida de un restaurante en el Centro Histórico, de camino al Segundo Informe de Claudia Sheinbaum.
El problema no es la frase. Es el viraje. En junio, Los Angeles Times y Puente News reportaron que Washington le había revocado el visado por presuntos vínculos con el crimen organizado y el huachicol; Villarreal lo negó “de manera categórica”, mostró la mica y dijo que jamás había viajado con otro documento. Semanario Zeta publicó que fuentes del Departamento de Estado le confirmaron que, en el sistema estadounidense, esa visa aparece cancelada, aunque el plástico siga en la cartera porque el gobernador no intenta cruzar desde noviembre de 2024. Reuters, por su parte, documentó que al menos 50 políticos y funcionarios mexicanos han perdido el documento en esta ofensiva. Nadie ha presentado una acusación penal pública contra Villarreal; él lo subraya una y otra vez. Pero tampoco hay una explicación oficial de Washington. Queda el hueco: negar, exhibir, y cuando el tema no se apaga, declarar que quedarse sin visa ya sería un honor.
Eso no es dignidad. Es un cambio de relato. Primero se presume el documento; después se denuncia persecución; al final se vende la cancelación como virtud patriótica. Tamaulipas no necesita un gobernador que convierta la duda internacional en eslogan. Necesita que, si hay investigación, se aclare con pruebas; y si no la hay, que Washington lo diga con nombre y apellido. Mientras tanto, “que lo prueben” y “es un mérito” suenan menos a inocencia que a una salida política para no responder lo único que importa: por qué su nombre sigue en esa lista.
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