Visa cayó, Rolex quedó: Mientras Andy hace berrinche por la visa y Morena arma el show de “injerencia”, José Ramón presume sus vacaciones en Disney
El hijo del expresidente AMLO lo anuncia en carta a Trump; la Embajada estadounidense afirma que las visas son un privilegio, no un derecho
CDMX.- Estados Unidos le quitó la visa a Andrés Manuel López Beltrán, “Andy”, el hijo del expresidente. Él lo hizo público en una carta a Donald Trump donde acusa a Marco Rubio y Christopher Landau de una “canallada politiquera” sin pruebas. Dice que no hay nada en su contra. La Embajada estadounidense respondió sin nombrarlo: las visas son un privilegio, no un derecho, y se cancelan cuando hay razones, sin importar quién seas ni lo que opines.
El gobierno mexicano salió al quite. José Ramiro López Obrador “Pepín”, secretario de Gobierno de Tabasco y pariente, afirmó que “no quieren al chico, sino al grande”. Claudia Sheinbaum minimizó el asunto: “Una visa no define a una persona”.
El contraste es brutal. José Ramón, el mayor, aparece en fotos de Disneylandia compartidas por su esposa Carolyn Adams y se fotografía frente a un Buc-ee’s. En las imágenes luce un brazalete Hermès de unos 17 mil pesos y un Rolex Datejust valuado en más de 300 mil. Hace pocos años, reportajes lo presentaban como alguien que apenas podía echarle gasolina al coche. Hoy, en medio de la polémica, exhibe lujos que chocan de frente con el discurso de “austeridad republicana” que su familia predicó durante años.
Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad ha documentado una red de amigos cercanos a que se benefició con contratos millonarios en obras emblemáticas del sexenio anterior: el Malecón de Villahermosa, Segalmex, INSABI, Dos Bocas. Irregularidades, sobrecostos, empresas ligadas a paraísos fiscales y hasta indicios de huachicol fiscal que han llegado a investigaciones del FBI. Andy niega todo. Washington no da detalles oficiales, pero el patrón de cancelaciones de visas a políticos mexicanos por supuestos nexos con corrupción o crimen organizado es claro y masivo.
Lo que se ve no es una defensa de soberanía. Es un intento de convertir el problema migratorio de un particular en bandera política mientras la misma familia sigue moviéndose cómoda en el territorio que dice despreciar. La visa no define a nadie, cierto. Pero los relojes, las redes de contratos y las reacciones desproporcionadas sí dibujan un retrato muy preciso.







