EU.- La Reserva Federal subió el miércoles su tasa de referencia un cuarto de punto, al rango de 3.75% a 4%, en la primera alza desde julio de 2023 y con voto unánime. El anuncio lo dio el presidente del banco central, Kevin Warsh —nombrado este año por Donald Trump—, quien insistió en que la inflación “sigue elevada” y que el ajuste busca un retorno “más oportuno” al objetivo de 2%. No es un detalle menor: Warsh llega al cargo con el mandato político de abaratar el crédito y termina haciendo exactamente lo contrario.
El contexto es tozudo. La inflación estadounidense se reaceleró este año, en buena parte por el choque energético ligado a la guerra con Irán, y el propio comité proyecta al menos otro aumento antes de que cierre 2026. Trump lleva meses exigiendo recortes; la Fed, con su presidente incluido, le respondió con un endurecimiento. Si esto es “independencia”, llega tarde: años de precios por encima de la meta y un ciclo de recortes que ahora hay que deshacer. El costo no lo paga el discurso de campaña; lo pagan hipotecas, crédito empresarial y el precio del dinero.
En México el efecto fue inmediato. Con los mercados locales cerrados por el 16 de septiembre, el peso se depreció en operaciones internacionales y el diferencial de tasas con Estados Unidos se comprimió a unos 250 puntos base. Menos premio por invertir en pesos significa más presión cambiaria y menos margen para que Banxico recorte sin que se le vaya el tipo de cambio. Washington decide; aquí se traduce en crédito más caro y un peso más flaco. La crítica es simple: la Fed tardó en admitir que la inflación no se había ido y ahora cobra la cuenta a destiempo, con un presidente que quería tasas bajas y un vecino que no tiene voto en esa mesa.
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