Durante años el desabasto de medicamentos se midió en filas de padres de niños con cáncer y en denuncias de derechohabientes. Eso ya cambió. En octubre de 2026 la presión principal no viene de afuera, sino de adentro: médicos, enfermeras y personal del IMSS que bloquean vialidades, toman instalaciones sindicales y convocan marchas porque no tienen con qué atender. A Claudia Sheinbaum le explotó en las manos el problema que heredó de AMLO y que no fue capaz de resolver en dos años de gobierno.
El 11 de octubre la Unidad de Gobierno registró 1,461 manifestantes en 12 entidades y unos 20 puntos. Chihuahua concentró la cifra más alta (600 personas en marcha y concentración frente al Hospital Regional No. 1); Xalapa, Veracruz, sumó 450. El resto se repartió en grupos menores: Sinaloa ~80, Chiapas ~70, Michoacán ~50, San Luis Potosí ~45, Coahuila ~40, Ciudad de México ~35 y cifras todavía más pequeñas en Puebla, Estado de México, Quintana Roo y Yucatán. En otros días y puntos (Ecatepec, Tecámac, Coacalco, Toluca, Monterrey, Campeche) aparecen concentraciones de decenas o cientos. El promedio diario ronda los 1,400. Frente a los casi 475 mil trabajadores del IMSS es un porcentaje bajo, pero el dato relevante no es el volumen absoluto: es que ya no son solo pacientes los que protestan. Es el personal que opera el sistema el que sale a la calle y dice que no puede trabajar.
El origen está documentado. Andrés Manuel López Obrador rompió la cadena de suministro con la centralización de compras, la reducción de intermediarios y la asignación de la tarea a Birmex e INSABI. El resultado fue desorden logístico, deudas con la industria y escasez que en momentos alcanzó niveles cercanos al 30 %. A eso se suman las denuncias persistentes sobre contratos, sobreprecios y entregas incompletas vinculadas a personas cercanas al expresidente, entre ellas Andrés Manuel “Andy” López Beltrán y el empresario Amílcar Olán. En los primeros días de octubre de 2026 padres de niños con cáncer presentaron una denuncia ante la FGR contra ambos por presuntas irregularidades en medicamentos oncológicos. Las alegaciones existen y están formalizadas; su resolución corresponde a la investigación judicial.
Sheinbaum lleva dos años. Su gobierno ha reportado compras consolidadas por cientos de miles de millones de pesos, adjudicaciones altas de claves, distribución a través de “Rutas de la Salud” y promedios de abasto superiores al 97 % en IMSS, ISSSTE e IMSS-Bienestar. También ha reconocido, el 12 de octubre, que persisten problemas de desabasto y de distribución interna en el IMSS, que hay fallas tanto de proveedores como de logística propia, y que existen “demandas legítimas” del personal. Se reunió con Zoé Robledo e instruyó acelerar soluciones. Eso es reconocimiento tardío, no solución.
El modelo de compras centralizadas que heredó y continuó sigue generando los mismos cuellos de botella: retrasos, incumplimientos de proveedores, problemas de distribución y faltantes específicos que llegan al mostrador. Las cifras oficiales de abasto miden disponibilidad en almacén o promedios de surtimiento; no miden la receta completa en la unidad ni la capacidad real del personal para atender. Por eso, después de dos años, el conflicto se trasladó del paciente al trabajador. Cuando el propio personal del IMSS bloquea porque no tiene insumos, el discurso de “hemos avanzado muchísimo” se desvanece.
El desabasto no nació con Sheinbaum, pero ya no puede seguir presentándolo como un lastre exclusivo del sexenio de AMLO. Los números de las movilizaciones, el reconocimiento oficial del 12 de octubre y la continuidad de las fallas de distribución muestran que el problema sigue abierto. Ya le explotó en las manos.




